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“Encontré que los peruanos realmente no sabían tanto sobre su propio país”

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Francisco Negrín, responsable de la inauguración de los Panamericanos Lima 2019, nos detalla lo que fue el proceso de planeamiento y ejecución del monumental espectáculo deportivo.

Francisco Negrín es el laureado director de escenas con decenas de puestas en emblemáticos teatros de Europa, América y Oceanía, que lidera un equipo internacional de 280 colaboradores de 17 países, que junto a las mejores mentes creativas del Perú, están a cargo de las ceremonias de apertura y clausura de los Panamericanos Lima 2019.

El equipo encabezado por Negrín se enfrentó a su primer gran reto la noche del pasado viernes 26 de julio en lo que fue la inauguración de los Juegos Panamericanos, una noche mágica e inédita para nuestro país en la que se hizo un repaso teatral, poético y espectacular de nuestra cultura y naturaleza.

Francisco hizo una breve pausa en sus labores en el Estadio Nacional para lo que será la clausura de esta primera fiesta deportiva, y nos cuenta lo que hubo detrás de la tan aplaudida inauguración.

Hay todavía esa sensación de que 400 millones de personas en todo el mundo vieron el espectáculo que dirigiste

Yo normalmente hago teatro, específicamente, opera. Digamos que si tienes suerte, por cada temporada, seis mil personas van a ver tu obra, a menos que alguna otra compañía lo compre o se haga una co-producción con otros teatros, pero al final poca gente lo ve. Además ese público es especializado. Es diferente hacer este otro tipo de espectáculo, donde creo que 7 de cada 10 limeños vio la ceremonia, sin hablar del resto del Perú y las Américas.  Es increíble para mí haber realizado un espectáculo que ha llegado a todo tipo de personas.

El momento previo a la inauguración, habrá sido un peso tremendo sobre tus hombros.

Sí, no estábamos tan seguros del éxito, eh. Recuerdo que justo al empezar el espectáculo, Vania Masías estaba con nosotros y dijo: “Estoy lista para que nos destrocen”.

¿Cómo formaste ese lado creativo? tu familia te incentivó desde pequeño.

Mi padre trabajaba en producción, mi madre era diseñadora de moda y mi abuela era actriz. Mi familia me llevó siempre al teatro, me pagaban clases de música. Sí, fue una educación muy privilegiada y muy cultural.  Cuando yo tenía nueve años, mis padres tuvieron que mudarse a Francia por trabajo.

Es aquí donde empiezas tu carrera, comenzaste de extra.

Sí, fui extra. Y de hecho, una de las coreógrafas de Lima 2019, Barbarana Pons, fue voluntaria en las Olimpiadas de Barcelona y eso le cambió la vida. Entonces siempre les decimos a los voluntarios que hacer este tipo de espectáculos les puede cambiar la vida por lo que sienten al participar en algo tan grande que afecta a su país.

Tu apego a la ópera no fue algo que imaginaste al principio, incluso le rehuías.

Cuando me llevaban de niño a ver espectáculos, me gustaba más ver musicales que la ópera,  que me parece un poco ridícula. Y me sigue pareciendo un poco ridícula, de hecho. La adoro, es mi lenguaje principal, pero siempre que estoy ahí y pienso: “esto tiene algo demasiado artificial”, es por ello que también siempre he querido hacer otros tipos de teatro, que sea más accesible para la gente.

Me gusta más contar cosas como se las contaría a los niños, que la gente reaccione con la inocencia que reaccionan los niños. Y en espectáculos como el de los Panamericanos Lima 2019, haces eso porque finalmente no puedes utilizar diálogos ni referencias complicadas, tienes que ir directo al corazón de los peruanos y extranjeros que lo están viendo, entonces no puedes complicarte mucho.

Esa frase de “contar las cosas como para un niño”, es lo que Lucho Quequezana dice que hiciste con él cuando le narrabas toda la historia que querías plasmar en la inauguración.

Sí, tenía que ir a la esencia de las cosas, a esa sensación de que cuando te cuentan algo y eres inocente, lo recibes y te emocionas de verdad con los arquetipos.

¿Cómo influyó en ti vivir esa oleada de grandes directores en la Ópera de Bruselas?

Ahí aprendí todo realmente, porque yo ahí ocupaba el cargo de asistente de director y justo fue cuando hubo una ola de grandes directores que venían a dirigir espectáculos en el teatro, gente como el director francés Patrice Chéreau y otros. Yo absorbía todo y aprendí muchos métodos, sobre todo aprendí a ponerme el listón muy alto.

Esa sensación al presentar tu primera obra en Londres con la ópera de Debussy “The Fall of the House of Usher”, basado en la novela de Edgar Allan Poe, ¿se puede comparar a la de minutos antes de iniciar los Panamericanos 2019?

No, esto es muy distinto de cualquier otra experiencia, porque en ningún otro caso estás trabajando más de un año en algo que va a durar dos horas y media, y punto, no se va a ver jamás. Y en otros casos no estás participando en la composición de la música, no has escrito el guion, no estás creando todo de cero.

Tienes esa sensación de que pasa en un instante porque estás súper activo durante la ceremonia dirigiendo en vivo muchas cosas. Por ejemplo, mucha gente no se dio cuenta que le estábamos hablando por un audífono a todos los miles de voluntarios que estaban en escena, les hablábamos directamente durante la ceremonia y pudimos cambiar cosas.

Entonces, estás tan en activo que desaparece la ceremonia en 5 segundos y ya se grabó, y ya nunca puedes corregir nada. En el teatro, con el día a día puedes irlo mejorando, tienes muchos ensayos generales, en Lima 2019 solo hubo uno. Además estábamos en exterior, dependes del clima, de mil cosas.

Para empezar a trabajar en Lima 2019, llegaste en una Semana Santa de 2018.

Yo llegué y no había nadie en Lima, y pensé: “¡qué maravilla de ciudad!”. Llegas en 10 minutos a cualquier sitio, luego volví después de unas semanas y me di cuenta que no era así (risas).

A partir de ese momento, comienzas un trabajo de deconstruir nuestra cultura.

El exterior conoce el Perú por las llamas, los chullos y Machu Picchu, y ahora recientemente el ceviche. Y entre los peruanos, yo me encontré con que la gente realmente no sabía tanto sobre su propio país, y eso es lo que me alentó absolutamente a presentar lo no conocido y ha reinterpretar las cosas más conocidas.

Hay un hombre clave en tu trabajo de investigación, el historiador Henry Mitriani.

Sí, yo empecé a hablar con él porque es amigo de Pepe Corzo y Vanía Masías. Yo quería saber cómo darle una perspectiva limeña a un espectáculo sobre el Perú, necesitaba encontrar una clave, así fue como entre conversaciones, él me dio la idea de empezar con el Pacífico y su importancia para todo lo que fueron las culturas prehispánicas y físicamente para el Perú.

Él me dio toda esta idea del amanecer que fue este primer segmento del espectáculo donde empiezas a partir del Pacífico con las culturas pre-incas simbolizadas por la forma de los peces, conchas, entre otros, y de ahí sales a la costa limeña con los caballitos de totora y los surfistas, un juego de pasado y presente a la vez, que nos llevó a la Lima de hoy, pero también a la del festival de Amancaes, fue todo una especie de renacimiento de Lima y a partir de ahí, de todo el país.

¿Cuál es la historia detrás de sumar el poema “El Perú” de Marco Martos?

Este era mi deseo de que la parte, habitualmente muy solemne y protocolar, del izado de la bandera y el himno nacional, no fuese lo típico así un poco militarista ni nacionalista en el sentido malo de la palabra. Y que tampoco fuese lo habitual de que si hay un cantante famoso en el país, que aquí lo hay, cante el himno. Quería salir de los dos tópicos.

Pero los organizadores te lo propusieron.

Sí era como un requerimiento, pero yo dije que no, no lo íbamos a hacer porque no era emocionante. Era un desperdicio de algo potencialmente muy bueno. Yo quería que el himno sea el himno de la gente en el estadio y en la televisión, y que la gente sintiera que realmente es su himno y no uno que impone el gobierno.

Quería partir de una coreografía que representara la resiliencia de los peruanos a través de la historia. Entonces queríamos ver a bailarines que bailaban esta “fuerza” y buscamos entre varios poemas y encontramos el de Marco Martos, que además nos regaló sus líneas para la ceremonia. 

Y como este año es el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, también pensamos que era una manera magnífica de hablar de los individuos que conforman el Perú, haciendo que cada uno de estos bailarines dijese el poema en un idioma distinto. Así se montó este sound de todas las 49 lenguas diciendo el poema hasta que el final se forma un ruido que se trasforma en el Himno Nacional del Perú.

Un hecho que sorprende de otras ceremonias deportivas, es el playlist que se puso al momento del desfile de delegaciones.

Claro, este playlist lo preparó Lucho Quequezana, mi pedido fue poner la música peruana más representativa. Pero esto se ha visto antes de distintas maneras, por ejemplo en Londres también había mucho pop británico, pero la música de aquí es más bailable.

Lo que quería absolutamente es que el desfile de atletas sea rápido, dándole la importancia a cada país, y divertido, porque suele ser un poco aburrido.  Variamos el trazado, hicimos una línea recta y cambiamos la escenografía, porque normalmente no hay un contenido artístico en el desfile, en cambio en Lima 2019, la montaña iba cambiando con un visual de la topografía propia de cada país, que trabajó el reconocido videógrafo Luke Halls.

También estaban los voluntarios que acompañaban tocando cajón en una pieza de Lucho que pasaba cada tres canciones del playlist peruano.

Nuestra gastronomía también estuvo muy bien representada, con una curiosa aparición del chef Mitsuharu Tsumura

Pues mira, ese es un buen ejemplo de cómo no quería presentar los tópicos de manera normal, más adelante también está el desfile de moda donde hicimos El Cóndor Pasa pero en la versión remix con la voz de Yma Sumac.

Pero aquí lo que quería era representar el baile folclórico peruano, que es una de las cosas más obvias e importantes del Perú- hay más de tres mil bailes distintos con indumentaria increíble- pero no quería hacer una obvia secuencia de bailes. Entonces pensé que podía presentar la indumentaria y los bailes sin su música propia, más bien con una música moderna que uniese todo.

La idea fue que cada uno trajese un ingrediente de la costa, sierra y selva, sobre la mesa. A este gran banquete se añadieron los súper alimentos como la quinua o la papa, que ahora se consumen en el mundo entero por sus propiedades. Los inmigrantes estuvieron representados, se vieron chinos, japoneses, africanos y europeos traer ingredientes también y hacer esta gran fusión gastronómica, visual y de baile.

¿Qué tal el trabajo con los creativos peruanos?

La aportación de Pepe Corzo, Vania Masías y Lucho, ha sido increíble este trío peruano.

¿Ya los conocías?

Yo conocía a Pepe antes de saber que existía este proyecto, entonces cuando Balich me propuso Lima 2019 yo dije: “Ah, pues yo conozco a un diseñador peruano”. Y ahí fue donde a partir de Pepe conocí Lima y el mundo creativo de aquí, sus colegas habituales como Vania, Lucho y otros más. Trabajar con ellos fue trabajar con gente que ya se conocía, que ya tenía una forma de expresión y fue realmente entrar ahí para organizarlos y que se expresen de la mejor manera.

La gente recuerda con mucho cariño la escena de los telares, ¿qué tan complicado fue plasmar la idea?

Sí, tuvo mucho éxito y fue una de las escenas que más nos costó, técnicamente fue muy difícil por los objetos que eran telas de 17 metros de largo que son muy difíciles de manipular, además que entren y salgan de escena sin que se note, esto es lo típico técnico en los espectáculos, pero el tamaño lo complica todo.

El dúo de Juan Diego Flores con Chabuca, ¿cómo se te ocurrió la idea?

Pues esto nació de mi negación al requerimiento del comité organizador de que Juan Diego cantase el himno nacional, porque tenía que haber otra forma más emocional y cercana a la gente, porque cantar un himno en estilo ópera es alejarlo aún más.

Quise presentar a Juan Diego de manera que nadie se esperase y que le llegase al corazón a todo el mundo, hasta a la gente que no le interesa la ópera. Y entonces como tenía que tener a Chabuca de alguna manera, y no podía evidentemente, pues me inventé que la montaña fuese ella.  Siempre me reí diciendo que la montaña era Chabuca “Grande”.

Entonces como Chabuca iba a aparecer, tenía que cantar con Juan Diego, y esto es lo que permite estos espectáculos, es lo que yo llamo un “Grammy Moment”, como cuando vimos a Eminem cantar con Elton John, y nunca más vas a ver eso.

Luego elegí el Bello Durmiente por esta línea del “Te amo Perú”, una canción que tiene toda la letra que describe el espectáculo. Además, encontré esta versión donde ella canta casi a capela con su guitarra, entonces esto nos permitió hacer la trampa de montar su voz con la de Juan Diego en vivo.

Para los arreglos de La Flor de la Canela, llamamos a Jimmy López, este compositor peruano que arrasa en la música clásica del mundo entero, pero no en Perú, fue cuando dije hay que devolverle al Perú a su hijo.

Él compuso nuestra parte histórica utilizando música clásica peruana importante y luego hizo este arreglo para Juan Diego, que también trajo a su orquesta de jóvenes “Sinfonía por el Perú”.

Finalmente, llegamos al momento en que se ve reflejado a Gamarra, ¿así también se llamaba el acto?

No se llamaba así, se llama “Modern Lima”, pero sí claro, era Gamarra con todo el estilo chicha.  Pero era el Gamarra de antes de los Juegos Panamericanos- entre risas- porque ahora ya todo está muy perfecto.

Para un creativo como tú, con amplia experiencia en eventos, fue retador decantarse más por lo cultural que por la tecnología, 50 millones de dólares era el presupuesto.

Ya hubiese querido que fuese esa cantidad-entre risas- fue muchísimo menos y dividido en los cuatros espectáculos que tiene Lima 2019.

Claro, 50 millones costó la inauguración de los Juegos Asiáticos Interiores del 2017, que también dirigiste.

Me parece un poco obsceno gastarse una cantidad ridícula de dinero para dos horas y media de un espectáculo, el monto tiene que estar proporcionado por la riqueza y necesidades de un país. En cuanto a la diferencia con los Juegos Asiáticos Interiores 2017, las ceremonias representan un país, y claro, si lo haces en Japón vas a representar el lado tecnológico, pero a Perú lo definen sus tejidos, su comida, la gente, sus bailes; entonces haces un espectáculo con eso.



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