Es capaz de identificar a su dueño y mediante un sistema de reconocimiento facial saber si está triste, feliz, emocionado o molesto.
El spot que promociona a Kiki parece sacado de un episodio de Black Mirror. Se trata de un robot con apariencia de gato que funciona como animal de compañía. El artefacto es capaz de identificar a su sueño así como sus sentimientos mediante una tecnología de reconocimiento facial.
Es un proyecto desarrollado por la empresa Zoetic AI, una compañía de inteligencia artificial formada por empleados de Google e ingenieros, diseñadores e investigadores graduados de Stanford, Carnegie Mellon y Berkeley.
Esta mascota electrónica aprende progresivamente, no solo de su dueño sino también de sus pares, cuando tienen reuniones con otros Kiki. Es intuitivo y usa como principal vía de comunicación la expresión en sus ojos.
Dispone de casi 10 sensores repartidos por todo el cuerpo, así como iluminación LED, dos micros, altavoz, y la pantalla en sus ojos.
Mueve su cabeza y hasta baila, pero no se desplaza, así que su dueño debe llevarlo consigo cuando quiera que le acompañe. En la página web de la empresa desarrolladora se puede ordenar.







