Las empresas de productos lácteos se han visto gravemente afectados el último mes luego que la denuncia de parte de la Autoridad Panameña de Seguridad de Alimentos que indicaba que el producto “Pura Vida” ofrecido como leche era solo una bebida con “saborizante y colorante que simula ser leche”, decidiendo suspender el ingreso y comercialización de este producto en su país.
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Esta denuncia afectó directamente al Grupo Gloria, empresa proveedora del producto, sin embargo Nestlé ha sido asociado y forma parte de la acusación impuesta ante Indecopi.
Ante lo sucedido en una entrevista para El Comercio el ahora ex Gerente General del Grupo Gloria, Roberto Priday, expresó que confía en que los consumidores peruanos los perdonarán y que para lograrlo lanzarán una nueva oferta. Además reconoció en una entrevista que Pura Vida “no es una leche, sino un producto lácteo”. “El engaño no ha sido voluntario. Probablemente, podamos escribir el contenido con letras un poquito más grandes”.
PUBLICIDAD ENGAÑOSA
El caso “Pura Vida” puso sobre el tapete un problema evidente sobre “publicidad engañosa” ya que el 60% de los productos que se venden en nuestro país infringen la Ley Nº 29571, el Código De Protección Y Defensa Del Consumidor.
Solo el 2016 Indecopi —entidad encargada de sancionar a quienes difundan publicidad que contenga información falsa o exagerada— sancionó empresas de 17 rubros como educación, salud, y telefonía; donde los sectores alimentos y bebidas, y salud registran dos multas, de 7 UIT y 3 UIT, y una amonestación.
El publicista Benjamin Edwards en su blog Separesucita.com, habla sobre el caso e indica en uno de sus párrafos: “En un mercado de consumo masivo, existen tres actores: las empresas, las personas y el estado. En el caso de Pura Vida, las tres partes fallaron: la empresa, en no procurar transparencia y claridad en su comunicación; las personas, en informarse o denunciar y hacer pública la denuncia en el caso de su inconformidad y; el estado, en no definir normas puntuales y definitivas y hacer un control proactivo y comunicar sus acciones y resoluciones de forma clara a la población”.
Entonces viene la interrogante, ¿estamos hablando de un caso de exactamente publicidad engañosa si no existe un control adecuado por parte del estado y hay poca importancia a saber lo que realmente consumimos? ¿En quién recae la responsabilidad finalmente?
En otro párrafo Edwards indica: “Una marca hace publicidad para persuadir a las personas para que compren sus productos y no los de la competencia. La etiqueta de un producto cumple dos funciones: destacar en el punto de venta para “atraer el ojo” y la intención de compra, y entregar información del producto al consumidor para que éste pueda evaluar sus propiedades y características”.
Es en ese punto que muchos sindicamos a las agencias de publicidad la responsabilidad de la información brindada al consumidor pero debemos considerar que la labor de las mismas es la de ayudar a que sus clientes vendan sus productos y su trabajo es en base a solicitud del cliente (marca) quien entrega un brief indicando los beneficios que quiere mostrar de su producto. Entonces, la cuestión sobre el trabajo de parte de las agencias va sobre si deben conocer el producto más allá de la información que pueda obtener por parte del cliente. Los creativos finalmente cumplen con la parte que les corresponde que es la de crear ideas para vender lograr vender más los productos de sus clientes.
Considerando que Gloria es una Lovemark peruana y que durante varios años se ha mantenido en el TopTen de las marcas más queridas y recordadas en nuestro país tiene un arduo trabajo que hacer en lo que resta del 2017; pues con una tardía respuesta de parte de su gerente general, la poca comunicación a través de sus redes sociales y un spot (recientemente lanzado) en que colaboradores de la empresa defienden la marca, enfrentando trabajadores con los medios y opinión pública, no es mucho el avance que ha tenido la marca para mantener su reputación antes sus consumidores.
Este artículo pertenece al ADNews 56.
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