Lejos de presentar a Messi y Cristiano las dos mayores estrellas del fútbol, Bimbo apostó por el humor y demostró que una gran idea creativa puede brillar incluso por encima de las celebridades.
En publicidad existe una regla no escrita: cuando una marca invierte en una celebridad de talla mundial, esa figura suele convertirse en el centro absoluto de la comunicación. La narrativa gira alrededor de su fama, su éxito y el reconocimiento inmediato que genera entre el público. Sin embargo, hace más de una década Bimbo decidió desafiar esa lógica con una campaña que apostó por exactamente lo contrario.
Entre 2012 y 2013, la marca reunió a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, dos de los futbolistas más influyentes del planeta, para protagonizar una campaña desarrollada por DraftFCB en México. Lo sorprendente no fue la presencia de ambos deportistas, sino la decisión creativa de hacer que pasaran completamente desapercibidos frente a una madre que no tenía idea de quiénes eran.
Bimbo pone el humor sobre la fama de Messi y Cristiano
La primera pieza, estrenada en septiembre de 2012, mostraba a una madre interpretada por la actriz mexicana Mónica Huarte encontrándose con Messi en un supermercado. Convencida de que se trataba de algún personaje famoso, comenzaba a lanzar una serie de suposiciones: primero pensaba que era cantante, luego actor y hasta llegaba a preguntarle si era basquetbolista.
Mientras el espectador reconocía inmediatamente al futbolista argentino, el personaje seguía completamente ajeno a su identidad. El contraste entre lo que sabía la audiencia y lo que ignoraba la protagonista era precisamente el recurso que sostenía el humor de toda la campaña.
Un año más tarde, Bimbo retomó el mismo concepto con Cristiano Ronaldo, pero introdujo un giro inteligente. Esta vez era el futbolista portugués quien se acercaba a pedirle un autógrafo a la mujer por haberse convertido en la protagonista del comercial anterior. Sin embargo, ella volvía a confundirlo y terminaba relacionándolo únicamente con el producto que había visto anunciado.
Una campaña que puso la creatividad por encima de las celebridades
El mayor acierto de la campaña fue entender que contratar a Messi y Cristiano Ronaldo no significaba construir un homenaje alrededor de ellos. En lugar de reforzar su imagen de ídolos deportivos, Bimbo los humanizó y los convirtió en cómplices del chiste.
Ese enfoque resultó especialmente llamativo porque rompía con el uso habitual de las celebridades en publicidad. Los futbolistas no aparecían dando discursos inspiradores ni presumiendo sus logros; aceptaban ser parte de una historia donde la protagonista era una madre espontánea y despistada, capaz de eclipsar a dos de los personajes más famosos del deporte.
La campaña también demostró que el humor puede ser un recurso mucho más poderoso que la admiración. La marca logró que el público recordara las situaciones, las confusiones y los diálogos por encima de la simple aparición de las estrellas, un logro poco frecuente cuando se trabaja con figuras de ese nivel.
Un caso que sigue vigente para la industria publicitaria
Más de diez años después, ambos comerciales continúan circulando en redes sociales cada vez que el debate entre Messi y Cristiano Ronaldo vuelve a instalarse en la conversación pública. Su permanencia no responde únicamente al peso de los protagonistas, sino a la solidez de una idea creativa que sigue funcionando con el paso del tiempo.
Para las marcas, este caso deja una enseñanza que mantiene plena vigencia: una celebridad puede atraer la atención inicial, pero es la creatividad la que convierte una campaña en un recuerdo colectivo. Bimbo entendió que el verdadero valor de Messi y Cristiano Ronaldo no estaba en mostrarlos como héroes inalcanzables, sino en utilizarlos para construir una historia capaz de sorprender, hacer reír y romper las reglas tradicionales de la publicidad con celebridades. Más de una década después, esa decisión sigue siendo el elemento que mantiene viva una de las campañas más recordadas de la marca.









