El filme icónico protagonizado por Audrey Hepburn lleva seis décadas siendo el mejor comercial de la más famosa joyería del mundo. ¿Qué nos enseña sobre marketing? Aquí le damos un vistazo.

El 5 de octubre de 1961 se estrenó en Estados Unidos Breakfast at Tiffany’s (Desayuno en Tiffany’s o también Desayuno con diamantes). La inolvidable comedia romántica de Paramount Pictures que contaba la historia de una chica en busca de amor que drenaba sus angustias desayunando frente a la vidriera de la mítica joyería de Nueva York inmortalizó a Audrey Hepburn, protagonista en el esplendor de su carrera.

Dirigida por Blake Edwards, la historia está basada en la novela del mismo nombre de Truman Capote, el mismo (aunque pareciera el opuesto) de A sangre fría.

LEE TAMBIÉN: Joyas preciosas y un exitoso matrimonio: Así es la nueva campaña de Tiffany & Co con Beyoncé y Jay-Z

La película estuvo nominada a cinco premios Oscar, de los cuales ganó dos (mejor música y mejor canción) y hoy sigue siendo un clásico de la época dorada de Hollywood. No obstante, aparte de su valor cinematográfico, este largometraje merece muchos más lauros por su valor como pieza de marketing.

A seis décadas de su estreno, el filme sigue siendo el mejor comercial para Tiffany’s, la joyería más famosa del mundo. Desde el mismo nombre de la película, pasando por su narrativa y su ambientación, la marca representa al gran protagonista de la obra, que además sirve como leit-motiv. Aun así, al espectador se le lleva por un viaje narrativo que no le revela abiertamente las intenciones comerciales de la obra, lo cual hace aún más magistral el manejo publicitario realizado por la producción.

«¿No te encanta Tiffany’s? Es un lugar silencioso y soberbio. Nada malo te podría pasar allí», dice en un diálogo Holly Golightly, la protagonista. «Si tan solo pudiera encontrar un lugar que me hiciera sentir como en Tiffany’s me quedaría a vivir allí para siempre».

Y es que Tiffany’s no solo se valió de la película para hacerse publicidad como marca, sino también para hacer una referencia simbólica, pero muy directa a la personalidad que reviste su nombre, a lo que significa y al público que busca: uno que privilegie el lujo, la elegancia, el glamour, todo esto encarnado en Audrey Hepburn y su personaje: una mujer muy elegante y además casadera. Recordemos que el negocio principal de esta casa joyera son los anillos de compromiso.

Con Holly, Tiffany’s se afianzó con el lugar con el que toda chica sueña para que allí se compre su anillo de compromiso. La idea sigue afianzada en pleno siglo XIX. ¿Hay algún otro comercial cuyo mensaje haya podido calar tanto?

Hoy, cuando términos como el product placement, el marketing de contenido y el branded content parecieran estar por todas partes, es difícil encontrar una pieza que los haya manejado tan magistralmente como esta película y que tenga el potencial de ser tan perdurable.