El fundador de Grupo AJE y Tiyapuy planteó un modelo de prosperidad basado en acelerar la inversión, fortalecer el talento y poner en valor los recursos y la identidad de las regiones del Perú.
La Cumbre Perú Sostenible 2026 continúa con el desarrollo de sus cinco ejes y este 25 de septiembre puso el foco en la prosperidad, la tercera P de la agenda, con una plenaria dedicada a la identidad, el talento y el territorio peruano. Carlos Añaños, fundador de Grupo AJE, presidente del Patronato Pikimachay y fundador de Tiyapuy, llevó la discusión hacia la generación de valor y la capacidad de convertir los recursos del país en oportunidades económicas para más personas.
Desde su experiencia empresarial y sus proyectos vinculados al desarrollo territorial, Añaños planteó que la prosperidad no debe entenderse únicamente desde las grandes compañías o los indicadores macroeconómicos. Su propuesta parte de un círculo en el que la confianza impulsa la inversión, la inversión genera empresas, las empresas crean empleo y los ingresos dinamizan el consumo y la recaudación, pero también de la necesidad de que ese crecimiento se conecte con el talento, la identidad y las oportunidades que existen fuera de Lima.
La prosperidad parte de un círculo de inversión, empresas y empleo
Añaños explicó que la generación de prosperidad en el Perú puede entenderse a partir de un círculo virtuoso: confianza, inversión, empresas, salarios, consumo y recaudación. Bajo esta lógica, acelerar cada una de estas etapas permitiría ampliar la capacidad del país para generar ingresos y acercarse a los niveles de desarrollo de economías con mayores niveles de productividad e inversión.
En ese planteamiento, la educación y el desarrollo de capacidades aparecen como condiciones para que el círculo pueda sostenerse. Durante su exposición, el empresario comparó los niveles de inversión que mencionó para el Perú con los de países de la OCDE y Canadá, para cuestionar si es posible esperar los mismos resultados en educación, innovación, atención de necesidades y desarrollo empresarial cuando los recursos destinados a estos ámbitos son diferentes.
La idea también se relacionó con su propia experiencia empresarial. Carlos Añaños recordó sus primeros años en Ayacucho y el desarrollo posterior de Grupo AJE, destacando dos aprendizajes que consideró centrales: perder el miedo a emprender y democratizar el consumo. Desde su perspectiva, ampliar el acceso a productos y mercados no solo representa una oportunidad comercial, sino que puede activar una cadena de empleo, transporte, inversión y recaudación que se extiende más allá de una empresa.
Así, la prosperidad fue presentada como un proceso que requiere participación de distintos actores. Para Añaños, el desafío no consiste únicamente en esperar que las grandes empresas generen crecimiento, sino en acelerar las condiciones para que más personas, emprendimientos y territorios puedan incorporarse a esa dinámica de generación de valor.
Ayacucho como punto de partida para poner en valor la identidad peruana
Una parte central de la exposición estuvo vinculada con Ayacucho y con el trabajo que Añaños comenzó a impulsar desde 2017 para poner en valor la identidad de la región. El empresario recordó que, al revisar distintos indicadores de Ayacucho, identificó la necesidad de desarrollar iniciativas que conectaran su patrimonio, artesanía, cultura y potencial económico con nuevas oportunidades de desarrollo.
El proyecto se articuló alrededor de cuatro pilares que mencionó durante la plenaria: acercar la artesanía al arte, desarrollar y posicionar categorías vinculadas con la región, trabajar sobre el conocimiento y la identidad del territorio y construir una marca Ayacucho. En este último punto, Añaños destacó el potencial de una identidad territorial capaz de llevar la historia y los atributos de la región a públicos más amplios.
El trabajo de posicionamiento de Ayacucho, según explicó, buscó además involucrar a empresas, instituciones y autoridades. Entre los resultados que mencionó estuvo una iniciativa para llevar la marca Ayacucho a un avión, como ejemplo de cómo una idea territorial puede escalar cuando diferentes actores se suman. Para Añaños, el valor no estuvo únicamente en la iniciativa en sí, sino en demostrar que una región puede construir una identidad propia y utilizarla como activo para proyectarse.
Del territorio al mercado: el valor agregado como oportunidad para agricultores y emprendedores
La experiencia que Añaños trasladó posteriormente a Tiyapuy partió de una pregunta similar: cómo transformar recursos que ya existen en el territorio en productos con mayor valor. El proyecto nació durante la pandemia, en un contexto en el que, según explicó, la alimentación y la salud adquirieron una relevancia distinta, y planteó un modelo que buscaba beneficiar tanto a los productores como a los consumidores.
El empresario describió este enfoque como un modelo de “win-win al cuadrado”, en el que los agricultores reciben una oportunidad para poner en valor productos que permanecían poco aprovechados, mientras los consumidores acceden a alimentos desarrollados bajo una propuesta diferenciada. La estrategia, explicó, requiere construir una marca capaz de competir en distintos mercados y no limitarse a vender la materia prima a bajo precio.
Ese proceso llevó a Tiyapuy a ampliar su presencia internacional, mientras el trabajo con agricultores se convirtió en uno de los componentes que Añaños destacó durante la exposición. El objetivo, en sus palabras, es que poner en valor los productos del territorio permita mejorar las condiciones económicas de quienes los producen y genere incentivos para preservar aquello que diferencia a cada región.
La misma lógica la trasladó al ecosistema emprendedor. Añaños contó que durante los últimos años recorrió distintas zonas del país, participó en conversaciones y desarrolló espacios de mentoría dirigidos especialmente a emprendedores que no necesariamente tienen acceso a grandes instituciones o programas de formación. En ese recorrido, sostuvo que uno de los principales aprendizajes ha sido identificar talento, resiliencia y capacidad de crecimiento en personas que muchas veces necesitan, antes que recursos, alguien que las escuche y las acompañe.
Del valor del territorio a la acción: Añaños y Vania Masías plantean fortalecer el ecosistema emprendedor
Después de la plenaria “Creando prosperidad desde la identidad, el talento y el territorio peruano”, Carlos Añaños participó en un conversatorio junto a Vania Masías, fundadora y presidenta de D1 Asociación Cultural, directora artística y bailarina. La conversación llevó las ideas expuestas durante la presentación hacia un terreno más práctico: qué pueden hacer empresas, emprendedores y ciudadanos para convertir el talento y los recursos del país en oportunidades concretas.
Uno de los ejes de la conversación fue la necesidad de dar visibilidad a emprendimientos que ya están desarrollando soluciones desde distintas regiones del país. Añaños compartió ejemplos de proyectos vinculados con tecnología, agricultura y seguridad que, pese a su potencial, todavía necesitan exposición, conexiones y acompañamiento para llegar a nuevos mercados. Desde su experiencia trabajando con emprendedores, sostuvo que muchas veces la principal necesidad no es recibir dinero, sino encontrar a alguien que escuche, oriente y ayude a identificar el siguiente paso.
Masías y Añaños también abordaron la relación entre origen, talento e identidad. La conversación planteó que el lugar de procedencia no tiene por qué representar una limitación, sino que puede convertirse en un atributo diferenciador cuando se combina con innovación, desarrollo de producto y acceso al mercado. Para Añaños, el reto está precisamente en unir esas capacidades y evitar que la diversidad y el talento peruano permanezcan únicamente como potencial.
La discusión llegó también al papel de las instituciones y a la necesidad de pasar de la articulación a la acción. Añaños mencionó como ejemplo el trabajo realizado con el Gobierno Regional de Ayacucho para impulsar una ordenanza orientada a que programas de alimentación puedan adquirir productos de emprendedores locales. Bajo esta mirada, conectar actores no significa únicamente generar reuniones o conversaciones, sino construir mecanismos que permitan que esas relaciones produzcan resultados concretos.
La prosperidad como un ciclo de conocimiento, mentoría y reciprocidad
La idea de compartir conocimiento apareció como otro de los ejes para ampliar las oportunidades. Añaños contó que durante los últimos años ha recorrido distintas regiones y ha acompañado a emprendedores de diferentes sectores mediante espacios de mentoría. De acuerdo con su experiencia, muchos de ellos enfrentan problemas que van desde la gestión financiera y los inventarios hasta la innovación, el desarrollo de marcas o la posibilidad de escalar sus negocios, pero no siempre cuentan con acceso a personas que puedan orientarlos en esos procesos.
En ese contexto, el empresario planteó que quienes han alcanzado experiencia y conocimiento pueden convertirse también en agentes de apoyo para otros. Su propuesta apunta a que los emprendedores que hoy reciben acompañamiento puedan, conforme desarrollen sus propios proyectos, dedicar posteriormente parte de su tiempo a ayudar a nuevas personas. Así, el crecimiento individual puede convertirse en una cadena de transferencia de conocimientos y oportunidades.
Añaños vinculó esta idea con el concepto quechua de Ayni, asociado a la reciprocidad, para explicar que el desarrollo no debería pensarse únicamente desde el beneficio individual. La lógica plantea que el conocimiento adquirido no debe quedarse en quien lo posee, sino circular entre empresarios, emprendedores y comunidades. En este modelo, la prosperidad se construye cuando diferentes actores utilizan sus capacidades para generar nuevas oportunidades para otros.
Desde esa perspectiva, la tercera P de la Cumbre Perú Sostenible 2026 llevó la discusión más allá del crecimiento económico y la conectó con una pregunta sobre qué ocurre después de alcanzar una oportunidad: qué se hace con el conocimiento, los contactos y la experiencia adquirida. Para Añaños, convertir esos recursos en mentoría, visibilidad y nuevas conexiones puede ayudar a que más emprendimientos crezcan y a que la generación de valor alcance a distintos territorios del país.









