En el bloque Paz, una de las 5P de la Cumbre Perú Sostenible 2026, la fundadora y directora ejecutiva de Fundación BIK abordó la bondad como una habilidad entrenable y una infraestructura relacional para fortalecer la confianza y la convivencia.
La Cumbre Perú Sostenible 2026 continúa con una agenda enfocada en los desafíos sociales que enfrenta el país. En el bloque Paz, la plenaria “Puentes para una sociedad más integrada” estuvo a cargo de Fortuna Ludmir, fundadora y directora ejecutiva de Fundación BIK (Believe in Kindness), quien centró su exposición en la relación entre bondad, confianza, vínculos y construcción de paz.
Durante su intervención, Ludmir planteó que la paz no debe entenderse únicamente como ausencia de violencia, sino también como la construcción de condiciones que permitan sostenerla. Desde esa perspectiva, presentó la bondad como una capacidad que puede desarrollarse y que, cuando se traduce en acciones concretas de cuidado, puede contribuir a fortalecer las relaciones y generar condiciones para una sociedad más integrada.
Fortuna Ludmir plantea la bondad como una herramienta para construir paz
Ludmir inició su exposición diferenciando entre paz negativa y paz positiva. Mientras la primera está asociada con la ausencia de violencia, la segunda implica construir las condiciones necesarias para que la paz pueda sostenerse. Para ejemplificar esta diferencia, compartió una experiencia relacionada con su hija Daniela, quien vivió una situación de violencia escolar durante su infancia en Estados Unidos. El caso, señaló, permitió evidenciar que este tipo de fracturas no corresponden únicamente a un país, sino que forman parte de un problema humano presente en distintos contextos.
La ponente trasladó luego esta problemática a la realidad peruana y mencionó cifras sobre violencia, desconfianza y soledad. Entre los datos que presentó, señaló que el 44% de niñas y niños de entre 9 y 12 años había reportado violencia en un estudio de 2024, mientras que ocho de cada diez peruanos desconfían de otro peruano. También vinculó la soledad con una menor capacidad de conexión y con procesos de polarización.
A partir de esta experiencia, Ludmir explicó el origen del trabajo de Fundación BIK. Según relató, Daniela decidió convertir la búsqueda de alternativas frente a la violencia en un proyecto de vida, bajo la premisa “Yo creo en la bondad. A mayor bondad, menor violencia”. La iniciativa comenzó trabajando con niñas en situación de abandono y posteriormente incorporó herramientas como psicología, mindfulness e historias, con el objetivo de generar espacios de cuidado y acompañamiento.
Después de una década de trabajo, Ludmir presentó una definición operativa de la bondad: empatía más acción. Según explicó, la empatía por sí sola no necesariamente conduce a una transformación, mientras que una empatía orientada a la acción y al cuidado permite involucrarse de manera concreta con uno mismo, con los demás y con el proyecto compartido. En este enfoque, el autocuidado también forma parte del proceso, ya que sostener el cuidado hacia otros requiere evitar el agotamiento de esa capacidad.
La infraestructura relacional como base para fortalecer la confianza
Durante su exposición, Ludmir también planteó que la sociedad necesita más que infraestructura física e institucional: también requiere una infraestructura relacional, entendida como el conjunto de capacidades y condiciones que permiten convivir, confiar, colaborar y atravesar conflictos sin perder la dignidad. En este modelo, las capacidades individuales orientadas al cuidado generan interacciones positivas que, al repetirse, terminan formando patrones y contribuyendo a configurar la cultura de una sociedad.
La ponente vinculó esta infraestructura con el ejercicio del poder y la responsabilidad que tienen las personas para influir en los espacios que ocupan. Señaló que todos tienen algún nivel de influencia en su entorno y que, mientras mayor sea el poder económico, político o social, también aumenta la responsabilidad de evitar que determinados patrones negativos se reproduzcan. Desde esta perspectiva, la bondad no se limita a una conducta individual, sino que puede convertirse en una forma de fortalecer los vínculos y generar confianza.
Ludmir también trasladó esta reflexión al ámbito empresarial. Durante su intervención sostuvo que la bondad puede tener efectos concretos en las organizaciones cuando existe una práctica auténtica de cuidado. Como parte de los datos que presentó, mencionó investigaciones relacionadas con el comportamiento de los colaboradores y la seguridad psicológica en los equipos de trabajo. En ese sentido, planteó que la construcción de confianza no depende únicamente de declaraciones, sino de experiencias concretas de cuidado y de relaciones en las que las personas puedan sentirse valoradas y respetadas.
Finalmente, la fundadora de Fundación BIK sostuvo que la confianza no puede exigirse de manera inmediata, sino que se construye mediante pequeños actos que demuestran confiabilidad. Bajo esta mirada, fortalecer los vínculos requiere también revisar la manera en que las personas se comunican, reconocen sus errores, piden perdón y se relacionan con quienes forman parte de un proyecto común. La propuesta, explicó, pasa por ampliar la idea de infraestructura para incluir lo relacional, asignándole recursos, responsables, tiempo y mecanismos de seguimiento, tanto en las aulas como en las instituciones, las familias y los espacios de trabajo.
Fortuna Ludmir y Vania Masías abordan la construcción de paz desde los vínculos
La conversación entre Fortuna Ludmir y Vania Masías, fundadora y presidenta de D1 Asociación Cultural, directora artística y bailarina, llevó los planteamientos de la plenaria hacia experiencias concretas de convivencia, polarización y construcción de vínculos. Masías compartió una experiencia de sus primeros años de trabajo, cuando respondió con un abrazo a un joven que había reaccionado violentamente frente a ella. A partir de ese episodio, ambas reflexionaron sobre la posibilidad de responder a la violencia sin reproducirla y de encontrar otras formas de relacionarse frente al conflicto.
Ludmir señaló que, ante situaciones de tensión, resulta necesario comprender de dónde provienen la frustración o la reacción de la otra persona, además de desarrollar capacidades de autorregulación y escucha. En esa línea, destacó la importancia de la “humildad intelectual”, entendida como la disposición a escuchar para aprender y no únicamente para ganar una discusión. El diálogo también retomó el concepto de infraestructura relacional y la necesidad de que el desarrollo de estas capacidades tenga continuidad más allá de capacitaciones puntuales.
Otro de los temas abordados fue el rol de los docentes y las condiciones necesarias para prevenir la violencia en los espacios educativos. Ludmir explicó que el trabajo de Fundación BIK llevó a identificar que los propios maestros requieren espacios de cuidado, debido a las exigencias y responsabilidades que enfrentan. Ambas coincidieron en que las iniciativas individuales pueden generar cambios, pero que estos necesitan condiciones institucionales que permitan sostenerlos y convertirlos en prácticas más amplias.
La construcción de paz requiere confianza, vínculos y acciones sostenidas
Hacia el final del conversatorio, ambas participantes retomaron la relación entre las acciones individuales y los cambios sistémicos. La conversación planteó que la paz no depende únicamente de evitar los conflictos, sino de desarrollar formas de relacionamiento que permitan atravesarlos sin romper los vínculos. En ese sentido, la confianza aparece como una construcción progresiva que requiere consistencia y experiencias concretas de cuidado.
La reflexión también puso el foco en la necesidad de ampliar los círculos de empatía y reconocer a las personas más allá del rol que ocupan en una determinada situación. Desde esta perspectiva, mirar al otro como una persona con vínculos, necesidades y una historia propia puede modificar la manera en que se responde ante las diferencias y contribuir a generar relaciones menos marcadas por la polarización.
Con esta mirada, el diálogo entre Ludmir y Masías cerró retomando una de las principales ideas planteadas durante la plenaria: la construcción de paz requiere trabajo individual y colectivo, pero también condiciones que permitan sostenerlo. La infraestructura relacional propuesta por Ludmir plantea así una dimensión adicional de la sostenibilidad social, en la que la confianza, la colaboración, el cuidado y la capacidad de construir puentes forman parte de las condiciones necesarias para una sociedad más integrada.









