La marca de Jorge Luna da un salto estratégico al fútbol profesional al convertirse en auspiciador oficial de FC Cajamarca y Cusco FC. Mercado Negro conversó con Luis Miguel Pazos, gerente general de No Hay Sin Suerte, para entender los objetivos de esta apuesta.
El fútbol peruano vuelve a demostrar que ya no solo atrae a marcas tradicionales. En un escenario donde la atención se fragmenta y las audiencias migran constantemente entre plataformas, los creadores de contenido y sus emprendimientos comienzan a ocupar espacios que, hasta hace poco, parecían exclusivos de grandes corporaciones.
En ese contexto, No Hay Sin Suerte, proyecto digital vinculado al comediante Jorge Luna, ingresa al terreno de juego como auspiciador de FC Cajamarca y Cusco FC. La decisión no responde solo a la búsqueda de visibilidad en camisetas o estadios, sino a una lectura más amplia del fútbol como un punto de encuentro emocional, cultural y comunitario.
Desde la marca reconocen que el paso al deporte profesional no es improvisado. «Nacimos en el entorno digital, pero desde el primer día concebimos la marca con la ambición de trascender la pantalla», explica Luis Miguel Pazos, gerente general de No Hay Sin Suerte. Esa visión comenzó a materializarse en 2025 con activaciones presenciales en la Línea 1 del Metro de Lima, conciertos y eventos deportivos locales, experiencias que confirmaron que el crecimiento sostenido exige contacto directo, tangible y emocional con las audiencias.
No Hay Sin Suerte como auspiciador: fútbol, comunidad y expansión de marca
El patrocinio a dos clubes con realidades distintas revela una estrategia que va más allá del corto plazo. Por un lado, Cusco FC representa un proyecto consolidado, con presencia internacional y una hinchada ya establecida. Por otro, FC Cajamarca simboliza crecimiento, expectativa y un fuerte arraigo local. Esta combinación permite a la marca conectar con públicos diversos y reforzar su presencia más allá de Lima.
«El ingreso al fútbol profesional es un paso natural dentro de nuestra estrategia de expansión, especialmente en un país como el Perú, donde el fútbol ocupa un lugar central en la identidad cultural y en la vida cotidiana», señala Pazos. La elección de ambos clubes no es casual: su identidad, vínculo territorial y comunidades apasionadas dialogan de forma directa con el ADN de No Hay Sin Suerte.

A diferencia de los auspicios tradicionales, la marca no concibe el patrocinio como una simple pauta. «No entendemos el patrocinio como visibilidad, sino como experiencia», afirma el ejecutivo. El objetivo para 2026 está enfocado en tres ejes: escalar alcance y recordación en audiencias masivas, construir cercanía y vínculo emocional, e integrar entretenimiento y comunidad como motores de adquisición y retención.
Asimismo, la estrategia contempla activaciones tanto digitales como presenciales, dinámicas pensadas para el hincha, generación de contenido, beneficios exclusivos y experiencias que conecten el fútbol con la comunidad de suscriptores en todo el país.
Por su parte, para el fútbol peruano, la llegada de marcas construidas desde la creación de contenido abre una oportunidad interesante. No solo incorpora nuevos actores al ecosistema, sino que introduce relatos distintos, atrae audiencias no tradicionales y propone una relación renovada entre hincha, club y marca.







