La primera ponencia de las 5P, “Planeta”, abrió la agenda de la cumbre con Héctor Angarita, científico senior de Stanford, quien planteó incorporar el valor de la naturaleza en las decisiones de negocio, inversión y gestión de riesgos.
La Cumbre Perú Sostenible 2026 inició este jueves 24 de septiembre en el Parque de Exposiciones de Magdalena con una agenda organizada alrededor de cinco ejes: Personas, Planeta, Prosperidad, Paz y Alianzas. La primera ponencia del bloque Planeta puso sobre la mesa una discusión que trasciende la agenda ambiental: el impacto que tiene la degradación de la naturaleza sobre la economía, la competitividad y la continuidad de los negocios.
Héctor Angarita, científico senior de la Natural Capital Alliance de la Universidad de Stanford, fue el encargado de abrir este bloque con la ponencia “Resiliencia climática y competitividad en un mundo de riesgos crecientes”. Su planteamiento giró en torno al capital natural y a la necesidad de que las empresas incorporen sus dependencias, impactos y riesgos relacionados con la naturaleza dentro de sus decisiones estratégicas.
La naturaleza ya no puede tratarse solo como un asunto ambiental
El cambio climático, según explicó Angarita en la Cumbre de Perú Sostenible 2026, dejó de ser un riesgo asociado exclusivamente al futuro y ya tiene efectos sobre la economía, la competitividad y la capacidad de los territorios para sostener sus actividades productivas. Para ejemplificarlo, mencionó fenómenos como El Niño y planteó que la resiliencia requiere anticiparse a estos escenarios, invertir y tomar decisiones antes de que los impactos se materialicen.
Su planteamiento parte de una relación directa entre naturaleza y actividad económica. La alimentación, el acceso al agua, la infraestructura, las ciudades y distintos procesos productivos dependen de funciones que cumplen los ecosistemas, por lo que su deterioro puede traducirse en mayores costos, interrupciones operativas y una mayor exposición a riesgos físicos y financieros.
En ese contexto, el científico propuso dejar atrás una visión en la que la naturaleza aparece únicamente como un elemento que debe protegerse o como parte de las políticas de responsabilidad social. Para Angarita, los ecosistemas también funcionan como una infraestructura natural que sostiene actividades económicas y reduce la vulnerabilidad frente a eventos extremos.
El capital natural permite identificar dependencias, impactos y riesgos
Uno de los conceptos centrales de la ponencia fue el de capital natural, una aproximación que busca hacer visible el valor que tienen los ecosistemas para la economía mediante conceptos utilizados habitualmente en la gestión empresarial y financiera. Bosques, suelos, ríos, humedales, océanos y biodiversidad pueden entenderse como activos naturales que generan servicios de manera continua.
Angarita explicó en la Cumbre de Perú Sostenible 2026, que este enfoque permite analizar cuatro dimensiones de la relación entre una empresa y la naturaleza: sus dependencias, sus impactos, los riesgos asociados y las oportunidades que pueden surgir de una mejor gestión. El primer paso consiste en identificar qué funciones de la naturaleza hacen posible una operación y, posteriormente, entender de qué manera esa actividad modifica los ecosistemas de los que depende.
La discusión adquiere especial relevancia en el caso peruano. Angarita señaló que elementos como las cuencas, bofedales, humedales, bosques y montañas cumplen funciones relacionadas con la regulación del agua y la protección frente a eventos extremos. Su degradación puede incrementar problemas como la erosión, la exposición a inundaciones, los costos de tratamiento del agua y la incertidumbre sobre su disponibilidad, convirtiendo un problema ambiental en una variable que también afecta la continuidad y competitividad de los negocios.
El científico también presentó ejemplos de inversiones orientadas a fortalecer estos servicios ecosistémicos. Entre ellos mencionó el caso de Quito, donde una empresa de agua habría estimado un retorno de US$1.86 por cada dólar invertido en activos naturales, a partir de beneficios vinculados con menores costos de tratamiento, infraestructura y seguridad del suministro. El punto central, más allá del caso específico, fue mostrar que la conservación y restauración de ecosistemas puede analizarse también desde una lógica de inversión y gestión de riesgos.
Empresas y capital natural: de la gestión de riesgos a nuevas oportunidades
La Cumbre Perú Sostenible 2026 continuó con un conversatorio entre Angarita y Pedro Lerner, gerente general corporativo de Grupo UNACEM, en el que se abordó uno de los principales desafíos para las empresas: pasar de considerar la naturaleza como una agenda ambiental o reputacional a incorporarla dentro de la estrategia del negocio.
Ante la pregunta sobre dónde comenzar, Angarita planteó que las compañías pueden analizar primero sus propias operaciones y cadenas de valor, tanto hacia sus proveedores como hacia los procesos posteriores a la producción. Este diagnóstico permitiría identificar las funciones naturales de las que depende cada actividad, los impactos que genera y aquellos puntos donde una mejor gestión del capital natural puede reducir riesgos o abrir nuevas alternativas de negocio.
Durante la conversación también utilizó el caso de Kodak como referencia para hablar sobre la necesidad de anticipar cambios estructurales. La idea no fue trasladar directamente la historia de la fotografía al ámbito ambiental, sino ilustrar que reconocer una transformación antes de que se vuelva evidente para todo el mercado puede modificar la capacidad de una empresa para adaptarse. En el caso del capital natural, Angarita señaló que ya existen herramientas científicas, tecnológicas y metodológicas para comenzar ese proceso.
La discusión también alcanzó al sistema financiero y a la medición corporativa. Según Angarita, las métricas relacionadas con biodiversidad, agua y servicios ecosistémicos pueden avanzar hacia sistemas que permitan comparar el desempeño de las compañías e incorporar estos factores en procesos de reporte, evaluación de riesgos y acceso al financiamiento. Para el científico, el desafío no consiste en convertir a las empresas en organizaciones dedicadas a la conservación, sino en incorporar la naturaleza como una variable fundamental dentro de las decisiones que definirán su competitividad y resiliencia, especialmente en un país megadiverso y dependiente de sus recursos naturales como Perú.









