Pepsi llevó el rediseño de su envase al mobiliario urbano con una intervención creada junto a Special Group Australia, donde la estructura del anuncio se deforma para replicar la silueta de la botella.
Cuando una marca presenta una nueva identidad visual, lo habitual es que el cambio se vea primero en el logo, el packaging y las piezas de comunicación. Pepsi decidió extender ese rediseño a un soporte menos habitual: la propia estructura de sus vallas publicitarias.
Para anunciar su nuevo envase, la marca intervino los marcos de sus anuncios exteriores y hundió sus laterales justo en la zona del cuerpo de la botella. El resultado es una ejecución en la que la valla deja de ser un simple soporte rectangular y pasa a formar parte de la idea creativa, reproduciendo la silueta del producto que presenta.
La nueva botella de Pepsi también cambia la forma de la valla
La campaña, desarrollada junto a la agencia australiana Special Group Australia, coloca una botella de Pepsi en el centro del anuncio. Sin embargo, el elemento que concentra la atención no está únicamente en la imagen, sino en el propio marco: la estructura se estrecha a ambos lados para acompañar la forma del envase.
La intervención convierte el soporte en parte del mensaje. En lugar de limitarse a mostrar el nuevo diseño de la botella mediante una fotografía o un render, la campaña traslada una de sus principales características físicas al entorno urbano. Así, la forma del producto se reconoce incluso antes de observar los detalles de la pieza gráfica.
El recurso también permite que la ejecución mantenga una lectura sencilla desde la distancia. La botella ocupa el centro de la composición, mientras la deformación de la valla genera un efecto visual que rompe con la rigidez habitual del mobiliario publicitario y refuerza la asociación con el nuevo envase.
Una identidad visual que sale del packaging
La acción forma parte de la evolución global de la identidad de Pepsi, que recuperó el nombre de la marca dentro de su emblemático círculo rojo, blanco y azul y dio mayor protagonismo al color negro como uno de los elementos centrales de su nueva estética.
Ese rediseño no se ha quedado únicamente en las latas y botellas. La campaña muestra cómo una identidad visual puede trasladarse a diferentes puntos de contacto, utilizando elementos físicos del medio para reforzar los códigos gráficos de la marca. En este caso, el cambio de envase se convierte también en una modificación del soporte publicitario.
La decisión responde a una tendencia cada vez más presente en la publicidad exterior: aprovechar las características del espacio y del mobiliario para construir piezas que no dependan únicamente de la imagen o del texto. La valla deja de funcionar como un lienzo plano y se integra en la narrativa de la campaña.
Con esta ejecución, Pepsi lleva su rediseño más allá del packaging y convierte la propia forma de la botella en el principal recurso de comunicación. La campaña demuestra cómo un cambio de identidad puede trasladarse a los medios exteriores sin recurrir a mensajes extensos, utilizando la estructura del anuncio para hacer reconocible el nuevo envase desde el primer vistazo.









