La plataforma Arcade reúne cinco juegos retro inspirados en títulos como Snake, Tetris y Flappy Bird para presentar políticas de Trump. La iniciativa, difundida en las redes de la Casa Blanca, generó críticas de organizaciones que trabajan con comunidades migrantes.
La administración de Donald Trump incorporó una nueva herramienta digital a su comunicación política. La Casa Blanca lanzó una plataforma de videojuegos con estética arcade que toma elementos de algunas de las principales propuestas y programas del Gobierno estadounidense y los transforma en experiencias interactivas.
El proyecto apareció el 3 de septiembre en el sitio oficial de la Casa Blanca y reúne cinco títulos inspirados en videojuegos clásicos. Entre ellos se encuentra Rio Run, una polémica adaptación de la dinámica de Snake que lleva al jugador hasta la frontera entre Estados Unidos y México.
Rio Run convierte la política migratoria en una partida de Snake
El videojuego que concentra mayor atención es Rio Run. Su mecánica toma como referencia Snake, título conocido por el movimiento de un personaje dentro de una cuadrícula mientras recoge elementos y aumenta progresivamente su recorrido.
En la versión de la Casa Blanca, el escenario representa el Río Grande y el personaje que controla el jugador está basado en Tom Homan, funcionario de la administración Trump conocido como el «zar de la frontera» y vinculado a las políticas migratorias. El objetivo consiste en perseguir y capturar a personas que intentan cruzar la frontera. Incluso, las capturas se contabilizan como deportaciones dentro de la partida.
La propuesta también incluye Build the Wall, un juego inspirado en Tetris que plantea colocar bloques para levantar un muro en la frontera. Su descripción indica que el objetivo es proteger la frontera de una “horda” que se aproxima.
El resto de los títulos aborda otros temas de la agenda de Trump. Supply Line, inspirado en Tapper, plantea clasificar alimentos de acuerdo con los criterios de la iniciativa «Make America Healthy Again». Flappy Bill toma elementos de Flappy Bird y presenta a un águila calva que atraviesa Washington mientras transporta una propuesta legislativa. Por su parte, Trump Savings Tycoon gira alrededor de las llamadas «Trump Accounts», un programa de ahorro infantil que contempla un aporte de US$1.000 para determinados niños.
Además de los videojuegos, la Casa Blanca llevó la estética gamer a la promoción de Arcade en redes sociales. Sus publicaciones recrearon elementos visuales asociados a las pantallas de inicio de consolas como Xbox, PlayStation y Nintendo. En una de las piezas, el logotipo de Sega fue transformado en «MAGA», las siglas de Make America Great Again.
Organizaciones migrantes cuestionan Rio Run y la Casa Blanca defiende Arcade
El lanzamiento generó críticas por la forma en que se representan las políticas migratorias. Organizaciones que trabajan en la frontera cuestionaron que la persecución y captura de personas que intentan ingresar a Estados Unidos aparezca convertida en una dinámica de entretenimiento.
Amerika García Grewal, codirectora de Frontera Federation, criticó la iniciativa: «Me da asco. Llevan años jugando con la vida de la gente y ahora hacen un videojuego con sus acciones (…) Quienes lo diseñaron han perdido de vista lo que significa ser humano y preocuparse por los demás».

La controversia se concentra sobre todo en la mecánica de Rio Run, ya que las capturas de migrantes forman parte del sistema de puntuación y se contabilizan como deportaciones dentro de la partida. Así, una política que en la realidad implica detenciones y deportaciones aparece representada mediante una dinámica propia de los videojuegos retro.
La Casa Blanca, por su parte, defendió Arcade mediante un comunicado enviado a la AFP como una nueva forma de comunicar las acciones de la administración. Un portavoz explicó que el Gobierno busca utilizar nuevas herramientas para presentar sus logros y llegar a un público amplio.
La respuesta oficial también incorporó un componente político. La Casa Blanca presentó la iniciativa como una forma de contraponer su mensaje a lo que describió como la «oscura visión socialista» de los demócratas y asociar a la administración con una cultura de «diversión y victoria».










