La Asociación Portuguesa de Apoyo a las Víctimas (APAV) desarrolló emotivas propuestas gráficas que incluían peluches trabajando, resaltando su condición de vulnerabilidad.
El trabajo infantil no solo les quita a los niños la posibilidad de juego, sino que también los obliga a crecer de forma abrupta. La mentalidad de un menor que aprovecha su infancia no es la misma que la de uno que ya está preocupado por generar dinero.
De acuerdo a UNICEF, existe un estimado de 150 millones de niños que trabajan en el mundo. Esta dura realidad puede ser una consecuencia de la condición de pobreza en la que se encuentran, pero también hay casos de víctimas de trata.
De hecho, el informe “Sweat & Toil: Child Labor, Forced Labor, and Human Trafficking Around the World”, realizado por el departamento de Trabajo de Estados Unidos, revela que el trabajo infantil forzado afecta a casi 28 millones de niños. Asimismo, la investigación identifica a los talleres textiles como los centros de labor más comunes.
Por eso, en el 2015, la Asociación Portuguesa de Apoyo a las Víctimas (APAV) desarrolló emotivas propuestas gráficas que incluían peluches trabajando, resaltando su condición de vulnerabilidad. Bajo el lema “La infancia termina cuando comienza el trabajo”, la campaña muestra la importancia de proteger a los niños y dejarles disfrutar de esa etapa de sus vidas.

La conexión emocional que generan las imágenes permite visibilizar lo injusto que es que unos niños trabajen mientras otros juegan. Además, invita a los adultos a reflexionar sobre esta problemática que está tan normalizada, pero que no por ello debería ser motivo de indiferencia de quienes pueden hacer algo al respecto. De esa manera, la campaña hecha por la agencia FCB Lisboa buscó concientizar al público sobre el impacto que el trabajo infantil tiene en la sociedad y, sobre todo, cómo pone en riesgo la integridad de los más pequeños.








