El servicio busca personas por ubicación, habilidad y disponibilidad, según los precios establecidos por los humanos para la labor. Tras la selección, los bots envían las instrucciones y, al completar el trabajo, realizan el pago.
El auge de la inteligencia artificial (IA) y la pululación de sus agentes, partió de la premisa de automatizar funciones orientadas a diversos sectores. Esto hizo que rápidamente ganara terreno en diferentes industrias y, según Grand View Research, su tamaño de mercado alcanzó los 390.91 mil millones de dólares en 2025 y se proyecta llegue a los 3.497.26 mil millones para 2033.
Sin embargo, una nueva plataforma llamada Rentahuman.ai va en contra de la narrativa habitual en torno a la automatización. Su distópica modelo de negocio contrata mano de obra humana para que realicen funciones que los agentes de IA no pueden hacer.
Al ingresar a Rentahuman.ai, su interfaz muestra el siguiente mensaje “AI can’t touch Grass, you can. Get paid when agents need someone in the real world” (“La IA no puede con Grass, tú sí. Recibe dinero cuando los agentes necesiten a alguien en el mundo real”, en español). Una vez dentro, los humanos pueden registrarse y postular a las ofertas, de acuerdo a sus perfiles.
¿Cuál es el sentido?
Simple: un bot no puede verificar la existencia de una tienda en una dirección determinada, por ejemplo. Tampoco puede recoger un documento en un evento o instalar físicamente un dispositivo que requiera presencia humana. Mucho menos presentarse en un juzgado o entidad que no aceptes firmas digitales.
Ese es el modelo de negocio de Rentahuman.ai, ya que convierte la presencia humana en una necesidad o servicio que puede ser cubierta bajo demanda. El aspecto más polémico radica en que los humanos son expuestos como infraestructura, como un medio para desarrollar una función, dándole un giro de 180° a los roles prediseñados.












