Un reciente estudio de Publicis Groupe Perú revela que los fandoms se han convertido en espacios clave de pertenencia y conexión emocional. Sebastián Anaya, Head of Business Intelligence de la compañía, explica cómo es que el fanatismo ha pasado a ser una forma de identidad.
En Perú, quizá el fanatismo más acérrimo sea el del fútbol; sin embargo, existen otras comunidades que conectan con sus ídolos como auténticos hinchas. Y es que un verdadero fan vive esa pasión y se desempeña como prosumidor de ella.
Lejos de ser un fenómeno pasajero, los fandoms reflejan una transformación cultural más profunda. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de vivirlo, compartirlo y construir vínculos a partir de él.
Al respecto, un reciente estudio de Publicis Groupe Perú revela cómo los fandoms se han convertido en espacios clave de pertenencia, conexión emocional y expresión en el país. De hecho, el 64% de peruanos asegura que su fanatismo define quiénes son y el 65% de los peruanos afirma sentirse más cómodo mostrando su verdadera esencia dentro de espacios en los que puede compartir intereses y pasiones con otros.
El arte de conectar
“El fandom junta personas en base a un interés en común y cada comunidad está sostenida por tres puntos: el factor emocional (qué tanto significa y conecta la temática con cada uno), el factor social (poder compartir la pasión y sentirse parte de ella) y la autoexpresión (exteriorizar lo que sienten y cómo se sienten representados)”, comenta Sebastián Anaya, Head of Business Intelligence de Publicis Groupe Perú.

Según el informe, el 32% de la población peruana adulta confirma la relevancia del anime como parte de su consumo online actual. Asimismo, el 75% declara jugar al menos una vez a la semana videojuegos, siendo Dota 2, Fortnite y Minecraft los preferidos en el país.
En octubre, BTS visitará el Perú por primera vez y muchos buscan aprovechar el hype. Anaya advierte que las marcas deben evaluar cómo formar parte de ello y si realmente es conveniente sumarse, ya que “si las marcas no comprenden el lenguaje, los códigos y no se percibe orgánico y auténtico, puede percibirse como oportunista y no conectar con el fandom”.

Una mirada al pasado
Por otro lado, la tendencia “kidults”, que describe el comportamiento de adultos que mantienen o recuperan gustos, hábitos y consumos asociados tradicionalmente a la infancia o adolescencia, ha impulsado el auge de los fandoms.
“Muchas de las comunidades se construyen a partir de una conexión que inicia en la niñez. Los fans van creciendo y su fanatismo también, porque evoca a lo que les hacía sentir en ese momento”, cuenta Anaya. “Cuando uno adquiere cierto poder adquisitivo, puede comprar productos oficiales que no podía tener de niño, lo que contribuye a que el coleccionismo vintage y de lujo tomen relevancia”, agrega.

Ello va atado a la personalización, que ha estado rigiendo el marketing y las comunicaciones en los últimos años. Después de todo, las comunidades responden a eso, ya que es un contenido que conecta a un nivel mucho más profundo que un simple gusto o una afinidad.
Siguiendo con ello, la autenticidad pasa a tener un rol sumamente importante a nivel de autoexpresión. “Los fans no sienten vergüenza de pertenecer a un fandom y buscan compartir esa pasión. Sobre todo, porque es ahí donde logran una conexión humana a nivel personal y colectivo”, acota Anaya.








