El crecimiento del anime está redefiniendo la relación entre entretenimiento, fandom y consumo. Mercado Negro conversó con Charly Mendoza, Gerente de Estrategia de Consumer Truth, sobre la capacidad de esta industria para conectar con distintas generaciones y extenderse hacia categorías ajenas a la pantalla.
El anime dejó de ser únicamente un formato de entretenimiento para convertirse en una plataforma capaz de movilizar comunidades y generar nuevas oportunidades de negocio. En Perú, este fenómeno tiene raíces que se remontan a los años 90, cuando títulos como Dragon Ball, Sailor Moon, Saint Seiya y Samurai X llegaron a la televisión y ayudaron a expandir la audiencia local.
Desde entonces, el consumo se ha desplazado hacia un ecosistema en el que conviven contenido audiovisual, merchandising, eventos, coleccionables, gastronomía y experiencias. Un estudio publicado por Journal of Educational and Social Research identificó que el interés en esta industria puede funcionar como una puerta de entrada hacia múltiples comportamientos de consumo.
De Japón para el mundo
El anime tendría origen en 1917 cuando en Japón se empiezan a crear una serie de cortometrajes de animación que buscaban lograr una estética similar a la que empleaba Disney. Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XX que el formato se empezó a parecer un poco más a lo que conocemos hoy: un estilo más ligado al manga.


En 1957, la productora Toei —pionera en el género— lanzó un corto de trece minutos titulado “Koneko”. Años después, sería la encargada de producir éxitos tales como Dragon Ball, El Viaje de Chihiro, Caballeros del Zodíaco, entre otros. Estos títulos se terminarían popularizando en la década de los 90 a través de canales de señal abierta en todo el mundo.
Con la llegada de la era del internet, los grupos de seguidores tradujeron y subieron los episodios de los animes más populares a distintas páginas web. Ello facilitó el aumento de la audiencia al tener encontrar mucho más rápido y fácil este contenido. Además, esta plataforma dio paso a foros y comunidades virtuales que empezaron a unir fanáticos por su gusto por la cultura japonesa.
El producto de nicho que se volvió cultura pop
En sus primeros años de popularidad global, el anime era considerado un contenido exclusivo para público “otaku”. Sin embargo, la llegada de las plataformas de streaming eliminó la barrera del acceso ya que permitieron que los animes llegarán simultáneamente a audiencias de distintos mercados.

Dentro de esta lista destacan Crunchyroll, Disney+, Prime Video y Netflix, está fue una de las primeras en apostar por el anime como una categoría más dentro de su catálogo. En 2025, reportó que más del 50% de sus suscriptores a nivel mundial veían este género. Un año antes, se registraron mil millones de vistas en producciones de anime en Netflix.
A ello se le suma las características de las nuevas generaciones, quienes dejaron de verlo como una categoría aparte y pasaron a considerarlo dentro de la industria del entretenimiento. Según Dentsu, 3 de cada 10 consumidores globales ven anime al menos semanalmente; cifra que aumenta hasta un 50% entre los millenials y Generación Z.
Un tercer factor sería el papel de los creadores de contenido. Charly Mendoza, Gerente de Estrategia de Consumer Truth, sostiene que estos destacados perfiles de redes sociales influyen en el contenido que consumen los usuarios a través de sus reacciones en vivo o comentarios respecto a determinados capítulos.
“Eso permite descubrir más series y ser parte de momentos clave en cada una construyendo una comunidad que sabe que ya no es un nicho y que son muchas las personas que disfrutan este tipo de contenido”, comentó.
El anime dejó de ser solo series japonesas
El valor del anime para la industria está, precisamente, en su capacidad de trasladar el vínculo emocional con una historia o personaje hacia otros puntos de contacto. El estudio publicado por Journal of Educational and Social Research señala que el anime puede abordar temas universales, lo que facilita su llegada a mercados y públicos diferentes.

Tan solo en Lima, las personas que suelen consumir animes revelan que también tienen un fuerte deseo de consumir manga, gastronomía japonesa y moda relacionada a ello. Además, anhelan viajar a Japón para vivir parte de esta cultura que ven capturada en los animes. Para las marcas, esto amplía las posibilidades de colaboración más allá de una simple licencia de personajes.
Charly Mendoza menciona que hoy en día hay un mercado más amplío de productos que van desde publicaciones físicas de mangas, objetos de colección y diferentes convenciones que se organizan año a año. Especialmente, estos últimos son aprovechados por distintas marcas para hacerse presentes y presentar experiencias vinculadas a la cultura japonesa.
Hoy en día, una franquicia de anime ya no termina cuando acaba un episodio, sino que es capaz de extenderse hacia el manga, videojuegos, películas, merchandising, coleccionables e incluso eventos. Los personajes y universos narrativos se convierten en activos que pueden explotarse en múltiples categorías.
Una industria para grandes y chicos
El anime es de las pocas industrias que ha logrado mantenerse en el tiempo como un producto consumido tanto por adultos como por niños y/o adolescentes. Franquicias como Dragon Ball, Pokémon o Sailor Moon tienen la capacidad de permanecer en el tiempo. Mientras que algunos tienen una conexión con estas porque las veían en su infancia, otras son “descubiertas” por nuevos contenidos en películas o redes sociales.

Sumado a ello, el anime se diferencia de acuerdo a sus temáticas. Por lo que, cuenta con opciones para adultos y no únicamente en “niños”. Además, los padres que consumieron este contenido en su juventud no solo aprueban que sus hijos también lo hagan, sino que lo consumen juntos.
“Los niños raros del salón ahora son adultos independientes que muestran con orgullo su preferencia por diferentes animes”, explica Charly Mendoza sobre cómo ha cambiado la percepción del anime a nivel global.
No se trata solo de personas de diferentes edades consumiendo anime, sino que es un público intergeneracional que accede a este contenido mediante distintas maneras. En medio de este nuevo panorama se genera una sinergia bastante interesante. Mientras el fan antiguo regresa, el fan nuevo descubre por un diferente canal; lo que se traduce en que la IP vuelva a crecer.
De esta manera, la fortaleza de la industria del anime se basa en su capacidad de crear historias que trascienden generaciones y pueden crear un ecosistema alrededor de ellas. Estos factores permiten que las IP se renueven constantemente y, con ello, se abran nuevas oportunidades para el entretenimiento, consumo y marcas.







