La editorial Condé Nast inició acciones legales contra una revista independiente dedicada a editoriales de moda protagonizadas por perros. La compañía sostiene que el nombre y la identidad visual del proyecto vulneran la marca de Vogue.
Condé Nast, empresa editorial propietaria y editora de la revista Vogue, presentó una demanda en Estados Unidos contra la revista independiente Dogue, al considerar que su nombre y estética se aprovechan de la identidad de Vogue.
La empresa sostiene que el proyecto editorial dedicado a la moda canina podría inducir a error al público y afectar la reputación de su histórica publicación. Es así como la disputa coloca frente a frente a uno de los grupos mediáticos más influyentes del mundo con una revista de circulación limitada dirigida por una sola persona.
Vogue vs. Dogue: un conflicto entre marca registrada y parodia
Dogue nació en 2019 como un proyecto creativo impulsado por la diseñadora y fotógrafa Olga Portnaya. La propuesta explora la moda desde una perspectiva humorística, ya que cada edición presenta sesiones fotográficas de perros vestidos con prendas inspiradas en el universo editorial de las revistas fashion. La publicación circula en formato digital y también se vende en un único punto físico en Beverly Hills. Cada número incluye portadas protagonizadas por distintas razas y editoriales visuales que recrean códigos clásicos de la industria de la moda.
Sin embargo, según la demanda presentada en un tribunal federal, los abogados de Condé Nast consideran que el nombre y el diseño gráfico de la revista se acercan demasiado a la identidad visual de Vogue. En el documento legal argumentan que el logotipo de Dogue «fue claramente concebido» para generar asociación con la marca original y que su circulación podría provocar daños a la reputación de la editorial. Incluso, la compañía exige compensaciones económicas y solicita la entrega de todas las copias impresas para su destrucción.
Por su parte, la creadora de la revista defiende el proyecto como una propuesta artística y una parodia dentro del ecosistema cultural. En declaraciones públicas, Portnaya señaló: «El arte y la cultura siempre han evolucionado a través de la reinterpretación y el diálogo».
Especialistas en propiedad intelectual señalan que estos conflictos aparecen con frecuencia en proyectos que utilizan humor o juegos de palabras relacionados con marcas reconocidas. La justicia estadounidense ya ha enfrentado disputas similares en el pasado, sobre todo en productos que parodian marcas de lujo o consumo masivo.
No obstante, mientras el proceso legal avanza, la editora de Dogue lanzó una campaña de financiación colectiva para cubrir los gastos judiciales. Si bien la iniciativa ya reunió miles de dólares, el caso podría extenderse durante meses debido a los costos y la complejidad de este tipo de litigios.







