El rechazo de la marca impulsada por Jorge Luna y Ricardo Mendoza pone en discusión los criterios de Indecopi y la subjetividad detrás de las restricciones por contenido considerado contrario a la moral y las buenas costumbres.
El rechazo del registro de la marca «Hablando Huevadas» por parte de Indecopi volvió a poner sobre la mesa un tema sensible dentro del sistema de propiedad intelectual en el Perú: los límites de la evaluación basada en moral y buenas costumbres. La decisión administrativa llevó el caso a instancia judicial y reactivó el debate sobre cómo se aplican estos criterios en la práctica.
El proceso se origina a partir de la solicitud presentada por Jorge Luna y Ricardo Mendoza para registrar el nombre de su proyecto, el cual ya cuenta con presencia y posicionamiento en el mercado. Asimismo, la negativa de la autoridad generó cuestionamientos sobre el impacto que este tipo de decisiones puede tener en iniciativas que ya operan comercialmente bajo un reconocimiento previo.
«Hablando Huevadas» y el debate sobre la subjetividad en el registro de marcas
Desde el análisis legal, especialistas advierten que los criterios utilizados para rechazar marcas bajo argumentos de moralidad pueden presentar márgenes amplios de interpretación. En ese sentido, la evaluación no siempre responde a parámetros uniformes, lo que abre discusiones sobre la consistencia de las decisiones administrativas.
«El caso de ‘Hablando Huevadas’ es un ejemplo muy ilustrativo de un problema que persiste en el sistema de registro de marcas: los criterios de denegación basados en moral y buenas costumbres tienen un alto grado de subjetividad en su aplicación práctica», señaló Alexandra Espinoza, asociada del área de Competencia y Propiedad Intelectual de Benites, Vargas & Ugaz (BVU).
La normativa vigente permite rechazar signos que se consideren contrarios al orden público o a las buenas costumbres. Sin embargo, el debate surge cuando estas evaluaciones se aplican a expresiones coloquiales o de uso extendido en determinados contextos culturales o sociales.
Para Espinoza, estas decisiones pueden generar efectos directos en el desarrollo de marcas que ya han construido identidad en el mercado. En ese sentido, el análisis no solo involucra el contenido del signo, sino también su uso real y la percepción del público.
«Lo que resulta preocupante, desde una perspectiva de política de propiedad intelectual, es que este tipo de denegaciones genera efectos concretos y negativos sobre agentes económicos que han construido un posicionamiento real en el mercado», agregó Espinoza.
Antecedentes y variaciones de criterio en la autoridad administrativa
El caso de «Hablando Huevadas» se suma a una lista de precedentes donde la interpretación de la jerga local ha desafiado los estándares de Indecopi. En ocasiones anteriores, la entidad ha mostrado una flexibilidad mayor frente a términos que podrían considerarse controversiales pero que poseen una fuerte carga de identidad cultural o humorística.
Un ejemplo emblemático fue el registro de la marca «La Peña del Carajo». En primera instancia, el registro fue denegado; sin embargo, la Sala de Propiedad Intelectual terminó dándole la razón a los dueños, argumentando que la expresión «del carajo» ha sufrido una transformación semántica y hoy se asocia a la identidad y el entusiasmo en contextos festivos. Otro hito fue el caso de «Pezweon», que tras una larga batalla legal logró su inscripción, demostrando que términos coloquiales y humorísticos pueden coexistir en el mercado sin vulnerar las buenas costumbres.

Esta aparente falta de uniformidad en los precedentes es lo que genera incertidumbre en el sector legal. Mientras que en casos previos se priorizó el contexto de consumo y la aceptación social, en el proceso de Jorge Luna y Ricardo Mendoza el criterio parece haber retornado a una interpretación más restrictiva del signo, dejando de lado el posicionamiento que la marca ya ostenta en el ámbito del entretenimiento.
La discusión también alcanza el concepto mismo de moral y buenas costumbres, que no mantiene un significado fijo en el tiempo, sino que su interpretación puede variar según el contexto social y cultural en el que se evalúe cada caso. «La moral en muchas ocasiones ni suele ser un concepto estático, y aplicarla como causal de denegación sin esos parámetros objetivos puede derivar en decisiones que, lejos de proteger un interés público, terminan desprotegiendo a quien ha invertido en la construcción de una marca legítima», concluyó la especialista.








