Los “por si acaso”

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Ser redactor creativo en publicidad es algo que resulta
demandante y se me ocurre que muchos piensan que uno anda “creando” todo el tiempo, que es facilísimo y hasta natural. Seguramente dirían: “Para eso eres creativo ¿no?”.

No se imaginan siquiera, que no existe una “creatividad natural” y que uno va construyéndose, en base a conocimientos, práctica y esfuerzo; y que todo ello significa tiempo, que no se puede parar de conocer, de practicar (sabiendo que esa “práctica” no es “ensayar” algo, sino escribir, aplicando la creatividad), y que el esfuerzo es diario, porque el trabajo de un redactor creativo es un verdadero trabajo, que puede ser
divertido pero no es un jolgorio permanente, ya que los “momentos oscuros” o difíciles, son más abundantes de lo que se supone.

Tal vez por estas razones, me di cuenta de la necesidad
de los “por si acaso”, eso que podía venir en mi ayuda en casos de emergencia, de la aparición de la famosa “página en blanco” (que ahora llamaré “pantalla en blanco”), del “bloqueo creativo” o como se le quiera nombrar. Ese momento crucial en el que por más que se estruje el cerebro, nada se nos ocurre en relación a lo que necesitamos para el trabajo. Pareciera que las ideas
desaparecieron…

Los “por si acaso”, no eran otra cosa que ideas, al
azar, que iban surgiendo cuando el hada de la creación está de buenas y nos “inspiramos” un poco más, y en ese dar vueltas a los pensamientos, construir frases y encontrar palabras (nada que sirva específicamente para algo en ese momento) se nos ocurre “algo” que nos hace tilín y lo anotamos, guardándolo, porque en el futuro… ¡Nunca se sabe!

Es bien sencillo: ¡Un archivo de “ideas”! Una especie
de “salvavidas creativo” del que podamos echar mano en caso necesario… Esto, por supuesto requiere de un poco de disciplina y organización. Ir “armando” un
archivo, no es asunto de un solo día, sino de constancia y estar alertas, para no echar a la basura (o al olvido) lo que podría servirnos más adelante. Sí, necesita orden, como cualquier archivo que se precie.

Al principio yo hacía fichas, que iba poniendo en un
fichero (todo físico) y después confié mis fichas a la computadora y allí tuve mi archivo, facilitándome el trabajo. En la computadora me ahorro al ingresar
ideas y al buscarlas. Además, con Internet he tenido la información y el mundo, a golpe de tecla.

Con la computadora tengo también mi archivo de
imágenes, obtenidas en esas navegaciones sin brújula que solemos hacer… Igualmente, clasificadas por motivo y listas para servir de referencia. Si es posible tener la indicación de la fuente, mejor, porque hay que tener en cuenta que las imágenes suelen tener “copyright” y no es que se puedan usar así como así… De inspiración, es para lo que sirven, porque lo otro es “plagio” o «copia” (según quién lo diga). “Copy & paste” puro, duro y penado por la ley …

Los “por si acaso” escritos me han salvado muchas
veces y las imágenes ponen en marcha, normalmente, mi “máquina de pensar”. No me atrevería a decirlo, si no lo hubiera experimentado personalmente.

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