Emotions

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El título está en inglés, pero se entiende bien en castellano y es que cualquiera que sea el idioma que se hable, lo esencial para que la publicidad funcione bien, “llegue” y surta efecto, es que apele a las emociones. Es cierto que lo racional tiene su parte importante en la decisión que tome acerca del mensaje publicitario el público al que va dirigido, pero convengamos en que la racionalidad es una, y las emociones son bastantes más y muy variadas.

El cariño, la ternura, el humor y tantas otras emociones que el ser humano tiene, son otros tantos “botones” que se van apretando, en esa complicada máquina que somos y el cerebro gobierna, para echarla a andar, dirigiendo su funcionamiento.

Saber dónde están los “botones”, identificándolos correctamente, apretarlos en el momento justo, con la intensidad adecuada, es algo que el publicista, creador de mensajes comunicacionales, debe dominar.

Con tristeza veo que las emociones a las que se recurre ahora, o son poquísimas o nulas en su totalidad y prima un “racionalismo” que termina expresándose en la elección de un precio bajo, o por ponerlo en leguaje emocional, en una “oferta” que emociona por la posibilidad de ahorro, aunque si lo miramos bien, el ahorro de dinero es algo racional.

“Antes” había publicidad que te “encogía” el corazón, para provocar respuestas absolutamente emocionales o estaban esas otras en las que la risa producida, te dejaba inerme y a merced del mensaje; hay poco de eso ahora y creo que esa es una de las razones de la crisis por la que atraviesa la publicidad.

El corazón se asocia con la afectividad y las emociones y es el cerebro el “responsable” de la racionalidad; se dice que muchas veces actuamos “irracionalmente” y que “el corazón nos gana” … El asunto es que el corazón es una simple maquinita que bombea (la sangre en ese caso), mientras el cerebro es –llamémoslo así- una computadora que “piensa”, pero que a la vez opera la maquinita de bombeo. El cerebro cumple esas funciones y muchas más, pero es a la vez responsable de la “racionalidad” y de la “emocionalidad” …

¡Todo va dirigido al cerebro, cuando se trata de comunicación publicitaria!

Eso de “hablarle al corazón” es hablarle a una bomba “no pensante” y “hablarle al cerebro”, será enviar un mensaje a alguien que entienda, que tal vez dialogue y reaccione…

De lo bien que se hayan “manejado” las emociones, va a depender la respuesta.

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