La marca, junto a Grey, apuesta por testimonios reales, content creators y ciencia accesible para abordar un problema cotidiano desde lo emocional, sin depender del discurso clásico de promesas cosméticas.
Durante años, la comunicación en cuidado capilar se apoyó en beneficios visibles y claims funcionales. Sin embargo, una nueva campaña demuestra que el verdadero punto de conexión con las audiencias no siempre se encuentra en el resultado frente al espejo, sino en lo que ese reflejo provoca a nivel emocional.
En ese terreno se mueve la última apuesta de Pantene, que decide hablar de la caída del cabello como una experiencia compartida. Lejos de instalar un tono alarmista o aspiracional, la marca opta por mostrar una realidad transversal a millones de mujeres y resignificarla desde la empatía y el acompañamiento.
Pantene y el nuevo lenguaje del cuidado capilar
“Stop the Shedding” nace tras el lanzamiento del sistema Abundant & Strong y se apoya en que si bien la caída de cabello afecta a dos de cada tres mujeres, el impacto emocional atraviesa a todas por igual. A partir de esa premisa, la estrategia evita el protagonismo del producto y construye un relato donde las personas ocupan el centro.
El desarrollo creativo corre por cuenta de Grey, que traduce esa sensibilidad en una plataforma multiplataforma pensada para generar identificación antes que persuasión directa. Asimismo, la campaña integra testimonios reales y experiencias personales como motor narrativo, conectando la ciencia del producto con historias humanas.
El respaldo técnico no queda fuera del discurso. La fórmula Abundant & Strong surge de procesos de experimentación y testeo clínico, con validación dermatológica y un posicionamiento de precio accesible. Esa combinación permite que el mensaje emocional se sostenga sobre una base de credibilidad, evitando caer en un storytelling vacío.
Por su parte, creadoras de contenido como Abbey Yung y Alix Earle han compartido sus propias vivencias con la caída del cabello desde enfoques distintos: una desde la educación científica y otra desde el estrés cotidiano y las exigencias de la vida pública. Esa diversidad de relatos busca reforzar la idea de que no existe una sola forma de vivir el problema.










