Datos de la entidad monetaria muestran que el promedio de operaciones digitales pasó de 90 en 2021 a 625 en 2025, impulsado por el uso de billeteras electrónicas, tarjetas y un mayor acceso al sistema financiero.
Durante los últimos años, el sistema de pagos en el Perú ha atravesado una transformación silenciosa pero profunda. Lo que antes se resolvía mayoritariamente en efectivo hoy se ejecuta desde el celular o una tarjeta, incluso para gastos cotidianos de bajo monto. Este cambio no solo refleja una evolución tecnológica, sino también una nueva relación de los ciudadanos con el dinero.
Las cifras recientes del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) confirman esta tendencia. El volumen de pagos digitales por adulto se multiplicó por siete frente a los niveles registrados en 2021, una señal clara de que las soluciones digitales dejaron de ser complementarias para convertirse en protagonistas del ecosistema financiero.
BCRP: un nuevo mapa de consumo digital
El crecimiento de los pagos digitales se explica, en gran parte, por la masificación de billeteras electrónicas como Yape y Plin, así como por el mayor acceso a tarjetas de pago. Estas herramientas lograron integrarse en espacios donde el efectivo dominaba, como mercados, transporte, pequeños comercios y servicios diarios. En 2021, cada adulto realizaba en promedio 90 transacciones digitales al año; para el cierre de 2025, esa cifra llegó a 625 operaciones.
Este ritmo equivale a cerca de 1,7 pagos digitales diarios por persona adulta, lo que evidencia un cambio estructural en los hábitos de consumo. Más allá del volumen, el fenómeno revela una mayor confianza en los canales electrónicos y una reducción progresiva de la dependencia del dinero físico.
Asimismo, según el BCRP, el crecimiento de las transacciones responde de forma directa al aumento de usuarios activos en zonas con menor nivel de bancarización. «A nivel nacional, en el mes de octubre de 2024 se realizaban 14.400 transacciones al día, mientras que en julio de 2025 este número aumentó a 41.000», indicó la entidad.
Por su parte, el entorno regulatorio también jugó un rol clave. La actualización del Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos permitió adaptar las reglas a un contexto marcado por la innovación, el ingreso de nuevos proveedores y el desarrollo de soluciones tecnológicas que amplían la competencia y la eficiencia del sistema.










