La compañía transformó el incidente en un caso de gestión de crisis reputacional, respondiendo públicamente a la alteración viral de una de sus campañas y reposicionando el hecho como un episodio de violencia digital.
Tigo enfrentó una alteración viral de una de sus piezas de vía pública luego de que una versión manipulada con inteligencia artificial comenzara a circular en redes sociales, modificando el copy original de la campaña y afectando la imagen de la mujer protagonista del anuncio.
La valla original mostraba el mensaje “Desde que soy pospago, le comparto datos a todos”. Sin embargo, la versión manipulada alteró el copy por la frase “Desde que soy prepago, le comparto datos a todos”, introduciendo un término que, en el contexto colombiano, suele utilizarse coloquialmente con una connotación peyorativa vinculada al trabajo sexual. La pieza modificada se difundió rápidamente en redes sociales y plataformas de entretenimiento digital.
Frente al incidente, la compañía evitó limitar su respuesta a una corrección de la pieza o a una defensa de su activo publicitario. En cambio, optó por reformular públicamente el caso como un episodio de violencia digital.
Polémica de Tigo: De una alteración a un posicionamiento de marca
La respuesta de Tigo se articuló a través de una pieza audiovisual en la que la compañía confronta la versión original de la campaña con la imagen alterada y afirma que “manipular la imagen de una mujer con inteligencia artificial es violencia digital”.
Con ello, la marca desplazó el foco de la conversación desde la adulteración de un mensaje publicitario hacia el uso no consentido de la imagen de una persona real, ampliando el marco del incidente más allá de la comunicación comercial.
La respuesta se complementó con nuevas adaptaciones de la misma pieza gráfica, intervenidas por la propia marca con mensajes centrados en dignidad, autonomía y respeto, transformando el anuncio original en soporte de una nueva narrativa institucional.
IA generativa y el nuevo frente de riesgo para las marcas
Más allá del caso puntual, el episodio evidencia cómo la expansión de herramientas de IA generativa está abriendo una nueva capa de vulnerabilidad para anunciantes y marcas con alta exposición pública.
La posibilidad de alterar creatividades de forma rápida, creíble y escalable introduce un escenario donde los riesgos reputacionales ya no se limitan a la apropiación de marca o la desinformación, sino que alcanzan directamente la integridad de las personas representadas en campañas publicitarias.
En ese contexto, la respuesta de Tigo constituye un ejemplo de cómo una marca puede trasladar una alteración de su comunicación hacia una postura institucional más amplia, redefiniendo el incidente no como una crisis creativa, sino como parte de una discusión emergente sobre los límites éticos del uso de inteligencia artificial en el ecosistema digital.







