Un informe de McKinsey Global Institute revela que la demanda de conocimientos fluidos en inteligencia artificial se multiplicó por siete entre 2023 y 2025. Más del 70% de las aptitudes que hoy buscan las organizaciones son aplicadas, tanto a tareas automatizables como no automatizables
La inteligencia artificial (IA) ha transformado la gestión del talento al optimizar los procesos de atracción y selección de personal. Hoy, sus algoritmos reducen tiempos y costos, identificando patrones de desempeño exitoso y prediciendo la adecuación de un candidato a un puesto específico.
Sin embargo, también ha dado pie al surgimiento de habilidades que no eran valoradas ni tomadas en cuenta años atrás dentro de las organizaciones. Y es que la irrupción de la IA en el mercado laboral ha transformado la gestión de talento y la formación de futuros profesionales.
En ese sentido, de acuerdo al informe “Agents, robots, and us: Skill partnerships in the age of AI” del McKinsey Global Institute, ha aparecido un nuevo paradigma centrado en fomentar una estrecha colaboración entre habilidades humanas y nuevas tecnologías. El estudio destaca que más del 70% de las habilidades que las organizaciones buscan hoy se utilizan tanto en actividades que pueden automatizarse como en tareas no automatizables.
Esto quiere decir que los seres humanos no están dejando de ser necesarias. Por el contrario, sus capacidades seguirán siendo vitales y, más bien, se requerirá que los colaboradores integren a sus labores a los agentes de IA y robots.
Evolución de las habilidades laborales
Según el ritmo de la evolución del mercado, las habilidades se están volviendo cada vez más específicas y el trabajo está evolucionando rápidamente. Siguiendo esa línea, algunas funciones están emergiendo: McKinsey, en las ofertas laborales las empresas están exigiendo al menos 600 nuevas habilidades, estando la mayoría relacionadas con la IA y sus tecnologías habilitadoras.
Asimismo, McKinsey revela que la demanda de conocimientos fluidos en IA se multiplicó por siete entre 2023 y 2025. Por ejemplo, la demanda de habilidades como la creación e implementación de sistemas de IA también ha crecido, por lo que la adaptabilidad y el aprendizaje continuo resultan esenciales.
“Entre estos dos extremos existe un amplio terreno intermedio en el que las personas y la IA trabajan codo con codo. Aquí está surgiendo una asociación de habilidades: las máquinas se encargan de las tareas rutinarias, mientras que las personas definen los problemas, orientan a los agentes de IA y a los robots, interpretan los resultados y toman decisiones”, señala María Jesús Ramirez, Associate Partner en McKinsey & Company.
Transformación de las organizaciones
Para las empresas, integrar con éxito la IA dependerá de que, a medida que la tecnología asuma más tareas, el criterio y la supervisión que aportan las personas sea aún más fundamentales para las organizaciones. Entonces, gestionar esta transición requiere que los líderes empresariales tomen decisiones para garantizar que los colaboradores estén bien capacitados y McKinsey sugiere las siguientes estrategias:
- Reinventar el negocio para generar valor en el futuro: los líderes deben elegir entre invertir ahora en rediseños importantes o perfeccionar los modelos actuales para obtener ganancias a corto plazo.
- Crear una cultura de experimentación y aprendizaje: las organizaciones que prueban y se adapten rápidamente aprenderán más rápido. El cambio duradero y la ventaja competitiva dependerán del compromiso visible de los altos directivos y de la atención constante a cómo la IA afecta a toda la organización.
- Generar confianza y garantizar seguridad: la IA cambia la forma en que las empresas rinden cuentas. El enfoque está pasando de verificar los resultados individuales a establecer políticas claras para determinar cuándo es más necesaria la intervención humana. El reto consiste en mantener el equilibrio adecuado para mantener una supervisión suficiente para gestionar el riesgo sin limitar la eficiencia y la innovación.
- Preparar equipos para nuevas habilidades y funciones: las empresas tendrán que decidir cómo utilizar la capacidad liberada por la IA. Gestionar este cambio significa identificar qué funciones pueden evolucionar y ofrecer a los empleados vías claras, basadas en las habilidades, para crecer en ellas.









