La editorial italiana, Panini, pasó de ser un pequeño quiosco a convertirse en un símbolo inseparable del fútbol gracias a su vínculo con la Copa Mundial de la FIFA. El torneo no solo impulsó su expansión global, sino que transformó su álbum en una experiencia coleccionable.
Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol desata un ritual que va más allá de la cancha: abrir sobres, repetir figuritas y organizar intercambios hasta completar el álbum. En ese juego colectivo, Panini se vuelve protagonista al convertir el torneo en una experiencia tangible que millones comparten.
Lo que empezó como un simple acto de coleccionar se transformó en un fenómeno global de la mano de la Copa Mundial de la FIFA. Así, Panini no solo acompaña el evento, sino que lo traduce en una tradición que se repite generación tras generación.
De quiosco en Italia a editorial
En 1945, los hermanos Giuseppe y Benito Panini compraron un pequeño quiosco de revistas en Módena, Italia. Diez años después, lograron un acuerdo con el diario deportivo La Gazzetta dello Sport y lo empezaron a vender en toda la ciudad y sus alrededores. La alianza les resultó exitosa.

Para 1960, los hermanos consiguieron comprar los derechos de una colección de “figuritas” de futbolistas que no había sido vendida por sus propietarios, la casa editorial de Milán Nannini. En ese momento, se les ocurrió una mejor estrategia de venta: en lugar de venderlas individualmente, decidieron empapelarlas con el objetivo de crear intriga entre sus compradores.
El proyecto fue todo un éxito. Al año siguiente, decidieron lanzar su propia colección de estampas, que salió al mercado a finales de 1961. El crecimiento fue exponencial en poco tiempo: en 1962 vendieron tres millones de paquetes, cifra que se disparó a 15 millones en 1963 y alcanzó los 29 millones en 1964.

Ese mismo año, Giuseppe y Benito sumaron a Umberto y Franco —los otros dos hermanos— al negocio familiar y pusieron en marcha la fábrica de Panini en un barrio industrial de Módena.
El éxito impulsado por el Mundial de Fútbol
Umberto Panini, mecánico de profesión, inventó una máquina para empaquetar las figuras en sobres, mejorando la producción y distribución a gran escala. Consolidados como una empresa líder en este rubro, buscaron la expansión global asociándose con la FIFA para el Mundial de Fútbol 1970 en México.

La alianza con la FIFA no solo le otorgó legitimidad, sino también acceso a selecciones, jugadores y una narrativa global que trascendía mercados locales. Ello les permitió lanzar su primer álbum de figuritas con distribución internacional en varios idiomas.
Tras el éxito de esa primera edición, Panini consolidó el formato y lo replicó en los siguientes torneos. Cada edición pasó a funcionar como una cápsula del torneo: no solo documentaba a los protagonistas, sino que permitía a los aficionados “poseer” una parte del evento.

El álbum del Mundial integraba a todas las selecciones en un mismo producto, lo que amplificaba su atractivo y lo convertía en un objeto de alcance internacional. Cada edición pasó a funcionar como una cápsula del torneo: no solo documentaba a los protagonistas, sino que permitía a los aficionados “poseer” una parte del evento.
Un negocio de escala global
El impacto de la Copa Mundial de la FIFA en las finanzas de Panini es directo y medible. La propia compañía declaró que en 2018, año del Mundial de Rusia, alcanzó cerca de 1.000 millones de euros en ingresos, casi el doble que los 536 millones registrados en 2017, impulsada principalmente por la venta de su nuevo álbum oficial.
Para el Mundial 2026, el álbum alcanzará un récord de 980 figuritas distribuidas en 112 páginas, con sobres que contienen 7 cromos cada uno. En el mercado peruano, el álbum tapa dura ya se proyecta alrededor de S/ 89.90, mientras que una caja de 104 sobres puede superar los S/ 550, lo que eleva la inversión inicial por encima de los S/ 600.

El vínculo con la Copa Mundial de la FIFA no solo amplificó la visibilidad de Panini, sino que definió su modelo de crecimiento global. El álbum dejó de ser un producto editorial para convertirse en una experiencia sincronizada con el evento deportivo más visto del mundo, posicionando a Panini como un actor clave en la industria del entretenimiento deportivo.
La compañía ha diversificado su negocio en tres grandes líneas: coleccionables (stickers y trading cards), publicaciones (cómics, mangas y revistas) y licencias (contenidos vinculados a marcas y franquicias globales). Esta expansión le ha permitido reducir su dependencia exclusiva del Mundial, sin perder su principal motor de crecimiento.






