La maison francesa conmemora uno de sus códigos más reconocibles con ediciones especiales que conectan herencia y visión contemporánea.
A fines del siglo XIX, Louis Vuitton ya no solo fabricaba equipaje, sino empezaba a definir una forma de entender el lujo. Más de un siglo después, ese legado sigue funcionando como punto de partida para nuevas lecturas creativas. En 2026, la casa francesa decide mirar hacia atrás para avanzar, con una celebración que pone en primer plano a su símbolo más reconocible.
El Monogram cumple 130 años y Louis Vuitton lo convierte en el eje de una propuesta que no se queda en la nostalgia. A través de lanzamientos cuidadosamente curados, la firma vuelve a demostrar cómo un código histórico puede seguir dialogando con la moda y la cultura actual sin perder relevancia.
130 años de Louis Vuitton: tres cápsulas, una misma herencia reinterpretada
La conmemoración llega a través de tres ediciones cápsula que funcionan como distintas miradas sobre un mismo emblema. Cada una explora una dimensión específica del Monogram y del savoir-faire que ha sostenido a la maison desde sus orígenes. Más que un homenaje literal, la propuesta apuesta por reinterpretar la historia desde el diseño.
Le Neverfull se conecta con la raíz gráfica del emblema y con el espíritu artesanal que definió los primeros años de la casa. L’Alma, en cambio, pone el acento en los materiales y en el trabajo del cuero como elemento identitario del universo Vuitton. Le Speedy, por su parte, dialoga con el concepto del viaje y con la idea del equipaje como objeto cultural, no solo funcional.
Estas cápsulas también refuerzan el regreso de colaboraciones y líneas que han marcado etapas recientes de la marca, integrando pasado y presente en un mismo relato. Asimismo, el Monogram aparece así no como un estampado estático, sino como una plataforma creativa capaz de adaptarse a distintos lenguajes.
La celebración también recupera el origen conceptual del emblema. Diseñado por Georges Vuitton en un contexto de intensa efervescencia artística en París, el Monogram surgió como respuesta a la necesidad de proteger la autenticidad de la marca y, al mismo tiempo, expresar una identidad propia. Influencias arquitectónicas, referencias culturales y una mirada abierta al mundo confluyeron en un diseño que trascendió su época.










