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YO TENGO UN CANNES. YO TAMBIÉN. Y YO TAMBIÉN

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Hay productos en el mercado que definen su alto valor debido a que solo pocos pueden obtenerlos. Así que por lógica, estos productos dejarán de ser un diferencial cuando se vuelvan más accesibles y más gente obtenga uno. Dicho esto, ¿se puede medir hoy el éxito y el valor de una agencia de publicidad en base a los Leones de Cannes que ha ganado? ¿Es este premio, cada vez más accesible en el tiempo por disposición de sus dueños, una unidad de medida?

 

Esta no es una crítica a ganar o no ganar Leones en Cannes; ganar siempre es bueno y para los peruanos siempre ha sido difícil. Lo que se critica es si el ansiado León define el éxito de una agencia. ¿No es acaso ese pensamiento una idea un poco antigua? Creer que un Cannes te cambia la vida es falso. No puede ser una unidad de medida algo que es tan subjetivo y cambiante año a año. Un premio que lamentablemente no solo se sostiene en la genialidad de la idea, sino también en las virtudes del lobby y las destrezas del jurado. De ahí que muchos shortlist peruanos merecieron ser bronces y muchos bronces argentinos, brasileños o españoles merecieron ser solo shortlist. La diferencia está en la cantidad de jurados.

 

Que Perú sea reconocido en Cannes ha costado esfuerzo; cada metal obtenido y shortlist logrado nos costó el doble que a otros países, y esto no es el éxito de uno o dos, sino del momento que cada uno supo aprovechar, por eso ahora que estamos con los egos calmados deberíamos tener un punto de vista crítico que nos haga adelantarnos a la industria y por primera vez dejar de seguirla.

 

Invirtamos en festivales, hagamos ideas para Cannes, caguemos a todos y ¡ganemos! Pero no perdamos la perspectiva y mucho menos enrarezcamos la industria. Porque no son los truchos los que hacen daño a la publicidad peruana, sino las falsas definiciones de éxito que nos hacen, por ejemplo, mentirle a los chicos haciéndolos trabajar gratis o con sueldos bajísimos por el sueño de obtener un producto que está dejando de ser, felizmente, una unidad de medida para convertirse en lo que siempre debió ser: un reconocimiento al trabajo hecho en el pasado.

 

Hay que buscar una nueva forma de medir el valor de una agencia de publicidad, por el bienestar de la industria y de las negociaciones de fe. Tal vez debamos preguntarles a nuestros propios clientes qué buscan, qué necesitan, qué evalúan al momento de elegir una agencia. Ellos lo saben más que nosotros, y quizás el premio sea la última variable a tomar en cuenta.

 

 

 

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