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COLUMNA

Nada reemplaza el Face to Face

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En los últimos meses he tenido la oportunidad de hacer diagnósticos ágiles para muchas organizaciones en nuestro país y es común que me llamen con la esperanza de encontrar ese “canal super disruptivo y diferente” que mágicamente logre la comunicación interna se ordene y sea efectiva.

El resultado siempre es el mismo, pero es bueno refrendarlo con cifras resultado de los talleres de indagación, las encuestas y hasta las entrevistas etnográficas de cada diagnóstico: nada es más apreciado por el colaborador que la comunicación cara a cara de sus líderes. No hay canal más poderoso que ver a tu jefe hablándote, dirigiéndose a ti de preferencia en una espacio presencial y en el  último de los casos a través de un video o un correo electrónico que salga desde su buzón.

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Ante este resultado, más de una persona me ha dicho: ¿y ahora qué hago? ¡Mi gerente general es un palo y los otros jefes tampoco son muy comunicativos!  En realidad, esta situación es bastante común, pues al menos en mis tiempos universitarios no se enseñaba en las facultades de negocios ningún curso de empatía y comunicación para liderar.

La buena noticia es que no debes inventarte un jefe nuevo para lograr que tu líder se convierta en una persona capaz de comunicar tus mensajes importantes. Tampoco debes pretender cambiarlo por completo para lograr sea un canal efectivo. Lo importante es que él/ella, esté consciente del papel tan importante que juega en la empresa en materia de comunicación y se muestre dispuesto a escuchar y conocer más del tema.

He conocido líderes que con solo un empujoncito y algunos tips prácticos han volado solos y se han convertido en excelente influencers internos en sus redes sociales corporativas. Me atrevería a decir que les ha llegado a gustar escribir sus posts y hacer sus selfies o videos con el celular. Con ellos, solo sigue animando, haciendo barra y dales feedback constante, cuéntales si están siendo muy poco directos o lo contrario, si su lenguaje es demasiado técnico y complicado, si los colaboradores están entendiéndolo realmente.

Si bien estos casos suelen ser los más fáciles, lo que más abundan son aquellos líderes, que no por falta de ganas sino por personalidad muchas veces, tienen pánico escénico cuando deben hablar de algo diferente a los resultados del negocio.

Con ellos te puede ayudar conversar abiertamente: cuéntales la importancia de su impacto para motivar a los colaboradores (muéstrales tu diagnóstico de comunicación interna con cifras reales), averigua qué les cuesta tanto trabajo, cuáles son sus miedos y asesóralos. A veces un proceso de coaching puede ayudarlos a superar esas barreras, fíjate si están dispuestos a hacerlo y ayúdalos tú mismo o búscales un buen coach con experiencia en estos perfiles y temas. No pretendas tampoco convertirlos en algo que no son, respeta su identidad, no todos los líderes se ven bien bailando una coreografía en la fiesta de fin de año ni disfrazados de un personaje de ficción (algunos lo hacen de maravilla y en buena hora, pero no tiene porque ser así para todos). Un buen “líder-vocero” es aquel consistente en sus mensajes, que muestra genuino interés, transparencia y respeto por sus interlocurores. Lo importante no es solo comunicar sino conectar y la autenticidad es la mejor herramienta para esto.


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