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La sociedad pro consumo

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Todos tenemos preferencias, optamos por colores, por sabores, por afectos por sensaciones, pero a lo largo de nuestra vida todo este cúmulo de elecciones van evolucionando, o al menos van transformándose, en decisiones más complejas. En efecto, no somos los mismos cuando nacemos que cuando nos morimos, por nuestra existencia pasan un sin fin de experiencias que condicionan nuestra capacidad de elegir y nos hacen ver la realidad circundante de un modo distinto. La inocencia, el amor por lo básico, el placer esencial dejan lugar a opciones mucho más sofisticadas que se activan tras una sumatoria de mecanismos ocultos en nuestra psiquis.

 

Este artículo trata precisamente de esto, es decir de analizar el camino que recorre nuestro pensamiento a la hora de optar por uno u otro producto, por una u otra promesa de satisfacción.

 

1) Los primeros pasos:

Cuando el ser humano nace posee una demanda básica que la podríamos resumir en: protección, cuidado y alimento. Seguramente habrá más de un lector que estará pensando en muchas otras, pero como ejemplo creo que estos tres puntos son suficientes. Bien, entonces podríamos conjeturar que ese pequeño ser no necesita nada más que lo esencial, lo que la naturaleza le brinda de modo generoso, sin caprichos, sin complejos entramados, sin cuestionamientos. El niño no busca el pecho de otra mamá porque su sabor sea mejor o porque la leche materna que pueda brindarle la vecina tenga algún tipo de componente vitamínico superior. A más B es igual a C y el círculo de la oferta y la demanda se manifiesta directo, espontaneo y pleno. Pero claro, este mundo no es perfecto y poco a poco los pequeños seres van siendo condicionados por los adultos creándoles costumbres que van a sembrar la semilla del consumidor modelo. –“Al biberón de mi nene le pongo azúcar porque es más sabroso”- dice una madre, -“A mi pequeño si no le pongo chocolate en su leche no me desayuna”- dice otra, y así poco a poco, con gustos concedidos, con caprichos otorgados, con imposiciones de padres hacia hijos, con demandas de hijos hacia padres, se va generando los primeros “gustos”. La palabra “gusto” la colocó entre comillas porque será ni más ni menos que un factor clave en la futura vida social de los individuos.  Lo que les dé placer, aquello que los satisfaga, lo distinguirá de sus pares, definirá ante los demás su forma de comprender la realidad y les permitirá crear círculos de relación absolutamente condicionados por aquellas elecciones.

 

2) Lo esencial no es invisible a los ojos

 

Para no irnos demasiado de tema podríamos decir que

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