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¿Publicidad o Apología del Anti-valor?

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Leíamos algunos comentarios sobre el último comercial del candidato Acuña, comparándolo con un luchador por los derechos civiles de las minorías. Pero nosotros preferimos verlo por otro lado, en un mundo en el que mucha de la publicidad proviene de referencias de terceros, llegando en algunos casos a ser más que simples fuentes de inspiración. Una práctica muy común y que es condenable desde el punto de vista del oficio publicitario pero que a veces se pretende justificar – tomando en cuenta la delgada línea que existe cuando hablamos de propiedad de las ideas- en aquella filosofía de que “hay que copiar lo bueno”, o que “no hay que inventar lo que ya está inventado”.

Sin embargo, lo que para nosotros resulta más dramático en este caso, no tiene que ver con que el spot pudiera ser una idea más que “inspirada” en un clásico de la publicidad. Tiene que ver con el rol de la publicidad para transmitir valores a una sociedad frágil ética y moralmente, débil en su educación y cultura, pobre en sus convicciones y ambición. Lo que creo que debiera ser más resaltado entre quienes hacemos publicidad -comercial o política (propaganda)- es nuestra responsabilidad profesional -y sobre todo humana- en la transmisión de mensajes que explícitamente o de contrabando pudieran contener principios e ideas subyacentes en nuestras comunicaciones. Pues la publicidad tiene ante todo el objetivo de persuadir a alguien respecto a considerar el uso o compra de algún servicio o mercancía que pudiera satisfacer alguna necesidad en la vida de la gente; de la misma manera como pudiera ser de un político o gobierno que pudiera tener algo relevante que decir y por lo cual demanda apoyo, adhesión o algún tipo de compromiso. 

El hacer una apología del delito, como lo está haciendo explícitamente la campaña del candidato plagiador, más allá de que el propio texto se inicie diciendo que “plagiar es grave…”, es una manera muy peligrosa de validar socialmente una práctica repudiable desde todo punto de vista. Porque además tiene que ver con una manera de vivir en una sociedad donde no se respeta los derechos de los demás, donde la propiedad le pertenece al más vivo -piratería, invasiones, usurpaciones- y cuando más bien faltan voces con la fuerza y credibilidad necesarias que ayuden a revertir una descomposición social evidente. Cuando los medios no contribuyen sino alienan y embrutecen, cuando los políticos delinquen y engañan, cuando en general -con honrosasexcepciones- hay una pasividad preocupante ante nuestro tránsito acelerado hacia el abismo, creemos que nos corresponde levantar una voz de protesta desde nuestra pequeña trinchera.

Por eso y ante estos hechos, como comunicadores, como educadores, como responsables de la formación de futuros profesionales en nuestra industria y finalmente como ciudadanos de este país, queremos transmitir en estas líneas nuestra posición de rechazo y protesta. Pues no es
posible tolerar en nuestro país, como promotores de un candidato al primer poder del Estado, a mercenarios que están contribuyendo a la destrucción de los valores de un pueblo que necesita “copiar”, pero copiar ejemplos positivos, imitar conductas encomiables, aprender de acciones meritorias, que construyan patria. Sin ningún ánimo chauvinista, creemos que no solo debería condenarse enérgicamente -con sanciones sociales e incluso penales- al autor de los plagios, sino también a quienes vienen destruyendo con millonarias inversiones, conciencias y valores de un país que viene deteriorándose cada día más social y moralmente.

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