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#ENVIAMALASUERTE TRAS BAMBALINAS

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Desearle mala suerte al otro equipo es parte del folklore futbolero, y más aún cuando se es hincha de una selección como la peruana: cuando juega Perú, le rezo al flaco de arriba por tarjetas rojas y lesiones para el equipo rival; siempre he creído que es más realista pedir que algo malo le pase al equipo contrario antes que pedir un gol peruano. 

Por eso, cuando la compañía de seguros Allstate nos pidió usar a su personaje Mala Suerte para crear una campaña del mundial, sabíamos que estábamos frente a una oportunidad interesante.

Permítanme un breve contexto: Mala Suerte fue creado para hacer sentir vulnerable a una audiencia que cree que el infortunio es parte del destino; así, el personaje genera accidentes para que nuestro público – latinos en Estados Unidos – se pregunte si tiene el mejor seguro. Nada nuevo hasta aquí. Pero cuando llegó el mundial, sentimos que teníamos la oportunidad de hablarle a nuestra audiencia sobre algo que les importaba tanto como su auto o casa: su selección nacional. 

Lo usual durante un mundial es ver un sinnúmero de campañas invitando a la gente a alentar por sus selecciones. Aprovechando la naturaleza maquiavélica de Mala Suerte, decidimos hacer algo diferente: crear una campaña para desearle lo peor a la selección rival. 

Sabiendo que en el fútbol la superstición desafía la lógica, le dimos a la gente una herramienta para materializar sus más bajos deseos: los 140 caracteres de un tweet.  

Usando el hashtag #EnviaMalaSuerte, los hinchas le hacían pedidos a Mala Suerte, quien les respondía con videos que mostraban la maldad realizada. Los videos fueron filmados con meses de anticipación, por lo que tuvimos que imaginar cada posible situación de mala suerte que pudiera darse en un partido de fútbol. Cosas como la mordida de Suárez a Chiellini eran simplemente impensables, por lo que también hubo necesidad de crear contenido en el momento.

A lo largo de un mes, un community manager, un productor y cuatro creativos ocupamos una sala de conferencias con 2 televisores y la lista de códigos de los videos cubriendo las paredes; bautizamos esta sala como el Headquarter de Mala Suerte. Si bien ver los 64 partidos del mundial en horas de oficina parecía un sueño hecho realidad (la broma en la agencia era que habíamos creado la campaña por esta razón), después de cuatro semanas de cobertura con fines de semana incluidos alcanzamos un punto de saturación. Honestamente, no cubrimos partidos como el Argelia-Corea porque sabíamos que no tenían relevancia para nuestra audiencia.

Además de que este mundial haya sido uno de los más apasionantes que he visto en años, creo que lo que ayudó al éxito de esta campaña fue que se diera en Estados Unidos; si bien a primera instancia suena como el peor lugar para una campaña de fútbol, el hecho de dirigirnos a cada una de las naciones que viven dentro del país fue

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