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CUANDO EL TEMBLOR NO PASA

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Me es difícil recordar momentos socialmente tan agitados como los que estamos viviendo hoy. O en todo caso esta es una de las pocas veces que realmente tomo conciencia de qué es lo que sucede a mí alrededor. Es que al vivir en un mundo donde las fórmulas convencionales del éxito te atrapan no es sencillo ser sensible al dolor de los demás o al problema ajeno, si es que no te toca.

Recuerdo que una de las primeras veces que sentí que me preocupaba algo que a mí no me había afectado directamente fue en el 2002, cuando junto a un grupo de amigos de la universidad hicimos un mediometraje que hablaba acerca de la matanza de Barrios Altos en el régimen de Fujimori. Claro está que hablo de una preocupación desde mi posición de comunicador social. Estaba por hacer el proyecto final de la universidad que era de tema y formato libre y, era sin duda,  la más grande posibilidad que te daba el espacio universitario de hacer un material audiovisual importante. Yo ya había pasado por hacer cortometrajes, documentales, etc. donde los temas eran los comunes a todos los chicos de 20 años del momento: el desamor, el desencuentro familiar, etc. Y estaba en camino de hacer lo mismo cuando un amigo, que estudiaba periodismo, sabiendo que había la posibilidad de generar un material audiovisual auspiciado por la universidad (en cuestión de equipos y facilidades) se acercó a mí con un par de hojas sacadas de internet y me dijo: “lee esto y aprovéchalo”.  Lo que me había entregado era un artículo de uno de los primeros periódicos virtuales nacionales de esa época y cuyo encabezado titulaba: La matanza de Barrios Altos. Sin duda el nombre era de película de ficción pero lo que había dentro era la cruda realidad: en 1991, un grupo de gente que estaba en plena pollada en un solar en el centro de Lima, de pronto se vio atacada por un grupo paramilitar que, suponiendo que eran terroristas, los acribilló, muriendo, mujeres y niños.

Cuando leí esto algo en mi se movió, primero porque habían pasado más de 10  años y poco o nada se sabía del tema y segundo porque sentía que por ser gente de un distrito popular los círculos de poder no se habían sensibilizado frente a este hecho y la gente de otros distritos, a los cuales la polladas nos eran lejanas, fuimos indiferentes: era un problema de otros. Frente a esto y como la única posibilidad de réplica para alguien como yo era hacer algún manifiesto audiovisual decidí hacer un mediometraje, mitad ficción, mitad documental, que hablara del tema. Esta fue mi primera y casi única intervención, desde mi profesión, al tema político-social nacional. Luego de esto tuve la posibilidad de seguir mi carrera en la publicidad y decidí, con mucho cariño a lo que se me venía, dedicarme de lleno a construir un camino en este medio. Y sin duda estoy muy feliz por haberlo hecho, han pasado casi 8 años en que vengo tratando de hacer buenos comerciales, trabajando de la mano con las agencias para lograr los objetivos y buscando encontrar caminos audiovisuales que puedan sensibilizar a la gente con respecto a sus preferencias de consumo. Sin duda esta vida me hace muy feliz. Pero también me hace feliz ser conciente que aunque algo dormida, tengo en mí muchas ganas reales de hacer desde nuestra trinchera (la que genera mensajes a la sociedad) muchas cosas por este país y no dejar q

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