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A diferencia del 2014

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Este año Perú ha tenido una participación menos destacada en festivales internacionales de publicidad. Algunos profesionales del sector han criticado la validez de los festivales como termómetro de lo que está “bien” en la industria publicitaria.

 

Está claro que si uno pretende valorar el trabajo de un país solo desde los resultados de festivales terminará componiendo una versión distorsionada de la realidad. Entonces, ¿los festivales nos engañan?

 

Lo primero que hay que entender es que el negocio de un festival no es engañar a nadie. Un festival ofrece una herramienta de evaluación. Un proceso que arroje un resultado lo más objetivo posible. Los organizadores de festivales buscan generar reglas claras que permitan a los jurados evaluar las piezas según criterios relevantes y justos. El prestigio de un festival depende de eso. Obviamente siempre hay un margen de error, pero eso no es suficiente para arrojar resultados engañosos. 

 

El problema no es el termómetro, el problema es dónde lo ponemos. Un termómetro no puede medir la temperatura real de tu cuerpo si no lo pones en tu cuerpo. De la misma manera que un festival no puede evaluar el verdadero nivel del trabajo de una empresa que no inscribe su verdadero trabajo.

 

El nivel de distorsión que arrojan los resultados de los festivales tiene que ver con esto, y eso lo sabemos todos lo que formamos parte de esta industria. Culpar a los festivales por una lectura incorrecta de la realidad es igual de absurdo que echarle la culpa a un termómetro por decirnos la temperatura. 

 

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